Su formula es sencilla, directa y decidida: Una base rítmica manipulándote sin discreción alguna las rodillas, haciendolas flexionar sin parar, y con un constante movimiento de atrás para adelante de las caderas; Sumado a una sección de vientos que convierten a tu cuerpo en material puramente elástico elevandote, con su potencia y melodía, hasta el techo de la sala sin perder el equilibrio…o tal vez un poco sí.
 

Madrid. Sábado a la noche. Sala Penélope. En la parte central de la sala, frente al escenario, se encuentra el gran meollo del público. En su mayoría jóvenes que rondan la veintena de años. Algunos sin camisetas, otros en eléctricos y sucesivos pequeños saltos en el aire; un grupo en primera fila al costado derecho disfrazado de médicos, y otros cuantos subidos al hombro de su mejor amigo. Pero todos, eso sí, compartiendo la imagen universal del buen rollo y la diversión.

A medida que recorres la sala, la edad varia pero no así esa imagen de alegría general. Tal vez, quizás, sea ese el gran secreto: Saber conseguir ese punto de nexo en común dentro de la diversidad (detalle ausente y que podrían tomar buena nota en nuestra prestigiosa clase política). Todos parecían sentirse cómodos y encontrar su sitio: Unos dentro del pogo, otros en la aparente calma de la pasarela de arriba al final de la sala. Adolescentes maduros, adultos en pubertad, eternos zagales… Todos disfrutando de esa energía que disparan los nueve músicos subidos al escenario y que hace algo más de diez años comenzaron con la aventura de formar Alamedadosoulna.

Y sí, otra vez Frecuencia Urbana en un concierto de Alameda. Ya no una, ni dos, sino la tercera vez que nos dejamos llevar, cual yonquis de la fiesta, a un concierto de esta banda madrileña. Porque no le escapamos a la alegría, y, porque además, nos encantan los vientos. Y un grupo con cinco vientos en el escenario no lo podemos dejar pasar por alto, ni mucho menos.

Alamedadosoulna tiene tomada perfectamente la medida del directo. Abriéndolo explosivamente con una especie de “popurri de batalla” propio, que recorre pegadisos temas de la extensa vida del grupo y que te sumerge de lleno en su filosofía y en su enajenada energía colectiva (Para más información véase el mandamiento número ocho para el disfrute pleno de un show de Alameda).

Presentaban “#otrafiesta tour” y quedó totalmente plasmado en la escena y fuera de ella dicho nombre. Nueve músicos, toda una hazaña para la circunstancias musicales de la ciudad, que a base de ska, y mucha, pero mucha energía, consiguen lo mejor que puede tener un grupo de música con cierta trayectoria: Divertirse, que se diviertan, y encontrar la unión dentro de lo diverso.

 

 

 

Texto: Iván lionel    /    Imagen: Lorenzo Pascasio

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