[su_heading size=”19″ margin=”0″] “¿Hay que ser consciente y actuar en consecuencia ante la posible repercusión que pueda tener una crítica? ¿Hay necesidad de buscar medidas de referencia cuando se trata de valorar y dejar plasmada la impresión que un evento ha dejado en la memoria del periodista musical? Con estas premisas nos enfrentamos, yo como cronista y vosotros como lectores, a una descripción de lo que viví el Sábado en la sala de Princesa. Siempre desde mi propia percepción, claro está…”[/su_heading]

 

Uno ha de entender que el que escribe se debe dejar llevar de algún modo por la pasión, al igual que el músico, para que su obra se impregne de autenticidad, pero a veces se genera la duda de si es necesario expresarse en según qué términos. Y es que, además de ser una pieza con valor literario en sí misma, no hay que olvidarse de que la principal razón por la que existen y se demandan las crónicas de conciertos es que sirvan de referencia al que quiera seguir las pistas y contrastar diversos puntos de vista sobre el mapa sonoro actual.

Muchas veces nos pueden entrar dudas de si se mima demasiado a ciertas propuestas musicales con el fin de mantener viva la propia escena, así como a veces podemos intuir el exceso de protagonismo que parecen adjudicarse algunos columnistas al anteponer su personaje público y estilo por encima de la labor más puramente periodística. De todas formas, los egos están muy presentes en muchos aspectos tanto dentro como alrededor de las expresiones artísticas y siempre será un tema delicado y susceptible de generar conflictos.

La excusa del encuentro era doble. Por un lado la inauguración del ciclo MadTown Days, que ha programado una serie de citas con hábil encuadramiento del panorama de la música negra de la capital y, por otro lado, la presentación del videoclip del primer single de lo nuevo que han cocinado Aurora y sus Betrayers. O al revés. Tanto monta, monta tanto.

De MadTown Days ya he dicho que han acertado en su programación, puesto que lógicamente no pueden estar todos los que son, pero si que son todos los que están. Y del videoclip puedo decir que seguramente os guste a casi todos. Tanto a neófitos como a profesionales del medio, porque ciertamente está realizado con mucha clase y estilo, acompañando además en concepto al salto de precipicio que se vislumbra será el segundo disco de la formación.

Siendo consciente de que los conciertos que generan gran expectación suelen retrasar su inicio tras la apertura de puertas llegué tarde a posta, pero aún así hubo que esperar un poco. Lo justifiqué por la gran cantidad de seguidores que arrastró el evento y porque, ¡qué coño!, ¡somos madrileños y tenemos derecho a alargar la charla y el cigarrito antes de meternos dentro!

Una vez en la sala y tras la proyección del video de “Fire” entraron al escenario en penumbra los músicos y coristas. La intro hizo que empezáramos a salivar y que fuera subiendo nuestro nivel de adrenalina, sonando serios y seguros los que estaban ahí arriba. A mitad del tema irrumpió rápidamente Aurora, estrenando pelo rojo y generando la obligada ovación de los asistentes. Ella es la estrella. Buenas sensaciones en el principio y ahora se trataba de ver hasta dónde nos iban a llevar los que ahora mismo son unos de los principales estandartes del género negro de nuestro país.

Canciones bien ejecutadas ya que, sin excepción, dotes y tablas no les falta a ninguno. Pero la magia aún no había llegado. Tanto es así que alrededor del tercer o cuarto tema Aurora avisó al público, hasta ese momento bastante estático, de que estábamos allí para bailar y para pasárnoslo bien y que si no nos espabilábamos luego lo íbamos a lamentar. Sabias palabras que hicieron que el aludido respetable asimilara el consejo. De ese modo, intercalando alguna versión, prosiguió el repaso a las canciones de su álbum de debut. Todas conocidas para los asistentes puesto que lo que había allí esa noche era en su inmensa mayoría una legión de fans de la banda.

Pero a pesar de todo yo seguía teniendo la sensación de que me faltaba algo. No estaba presenciando lo que me habían advertido todos los conocidos que ya habían asistido a alguno de sus conciertos. Para mi era el primero y echaba en falta que algo sucediera y me consiguieran conquistar. No fue hasta el último tema antes del bis cuando realmente pude esbozar una sonrisa complaciente provocada por Aurora y los suyos, con todos los presentes, músicos y público, desatados en un groove conjunto. Demasiado tarde para mis expectativas.

Cierto es que el sonido no acababa de cuajar (con algún que otro acople de más) y que la iluminación no acompañaba la épica que notaba que querían transmitir los Betrayers. Tras esto y la breve pausa de rigor volvieron a salir, ahora con la gente un poco más encendida, y tocaron su estrenado single más otro adelanto de lo nuevo, cosa que todos agradecimos. Aurora ya había por fin cogido las riendas del asunto y con su habitual saber estar y profesionalidad nombró a todos los implicados de la noche.

He de decir que si algún día me casara, que no creo, estaría encantado de que ella cantara en mi boda, puesto que además de tener una gran voz, es una de esas personas de las que sabes que va a decir siempre lo correcto en cada situación y generar un buen ambiente. Cuando comento que se acordó de todos me refiero a que hizo referencia al gran equipo que forma esta banda, empezando por sus músicos y coristas (con especial mención a su director musical), su manager, su oficina de promoción, etc… Y es que Aurora & The Betrayers tienen la particularidad de ser una maquinaria perfectamente engranada que, a la vista está, da sus recompensas.

Son un buen producto respaldado por unos buenos profesionales. Y además con una proyección muy definida y alentadora.

Así que aunque me quede con la sensación agridulce de no haber asistido a uno de sus mejores directos, siento respeto por lo que representan y me alegro de la buena salud de la que goza la escena del soul, funk, afrobeat, blues, jazz… y demás géneros que antes podríamos englobar en el grupo de músicas minoritarias y que ahora crecen gracias a iniciativas como ésta y otras como festivales, salas, programadores, promotores, medios, managers, fotógrafos, videorealizadores y todos los demás actores de esta película, que nutren a la escena de la vitalidad que da un trabajo continuo.

En definitiva, son buenos tiempos para todos los amantes de estas músicas y habrá que labrar este camino todos juntos.

Texto: Arturo Jiménez Calvo   /  Foto: Raúl Santano