“¿Sabes a quién me recuerda?”

“¿A quién?”

“Pues a…na, dejalo, si son los demás que me recuerdan a él”

 

Esa frase captada en las últimas butacas del Café Berlín, en la noche de viento y algo de lluvia del 12 de enero, resume por sí sola el concierto de Jorge Pardo. Cuando estás a punto de escuchar al mejor músico de jazz de Europa, poco más puedes esperarte. Tras los pocos minutos con los que calienta el ambiente con la flauta, su figura se pone en segundo plano. Pardo no parece ningún líder  no se agarra al escenario. No es el centro de la atención. Hace un paso atrás y deja que sea ella, la música, a llenar la segunda planta de un abarrotado Berlín.

Josemi Carmona a la guitarra, Bandolero al cajón, Pablo Martín Caminero al contrabajo, una sólida trompeta que se cuela entre los demás y el acordeón de Joao Frade crean las sonoridades que acompañan esta noche al saxofonista madrileño. Hacen falta pocas batutas de Maid Mariam, tema de Huellas, el último disco de Pardo, para ver cómo se construye en el escenario un diálogo de Jazz Aflamencado, donde el recién nombrado mejor músico de jazz europeo tiene la presencia y la invisibilidad de un director de orquesta. Y un juego de miradas, ojos puntados sobre el solo de turno. Pardo se distrae solo para observar el chisqueo de los dedos de su mano derecha, casi para asegurarse de que lo hagan bien.

Es casi redundante explicar que en cada nota que Pardo saca de su flauta saca un sonido desconcertante, nunca banal. De cada uno de ellos, respiras las experiencias de quien ha compartido escenario con Chick Corea o Camarón. Y la de quien se conoce cada esquina de cada garito de malamuerte de Madrid, de aquella Madrid. 

Los seis desprenden una contagiosa energía. La primera parte del concierto la dedican a dejar en primer plano la parte jazzistica, con Carmona que desde las cuerdas de su guitarra -una clásica con la magia de un pedal utilizado en los momentos más oportunos- recupera el hilo de la cuestión después de cada solo.

En la segunda parte, el Flamenco sale a la escena. Y para dejarlo claro, los músicos agarran los instrumentos después de una pausa (y de un gin-tonic) con su interpretación instrumental de “Tu Mare Rosa” de Camarón.

[sonido grabado en directo durante el concierto en el Café Berlín]

Flamenco y Jazz, con una pizca de tango -el acordeón de Frade- cierran un concierto que no recuerda al de nadie más.