[su_dropcap]E[/su_dropcap]l momento se dispara en seco, una explosión de ritmo sin forma regular que lo gobierne. Una anarquía de un son proliferando dentro de unas notas que abrigan sonidos desprendidos de las masas mismas del centro de la tierra (escenario en este caso). Se enredan los timbales con un súper-potente (demasiado?) bajo. Cuerdas graves que erigen la fineza entonces de un piano que por momentos, como un niño, se coje de la mano de ambos para no perderse, aunque sincopadamente lo consigue, y como prometiendo volver, se aleja enmarañado a gran velocidad en una lúdica escala.

Así, la noche parecía encenderse precipitadamente no sin oír a los dos grandes pilares de una banda que de a ratos parece una orquesta por su potencia y perfecta conjugación entre sus miembros. Allí nos encontramos unas vibrantes congas que no paran quietas un segundo, Jaime Vásquez le ponía a los pies movimiento en una exhibición de ritmo y talento mientras que a su lado, la melodía de un saxo (y posteriormente flauta), nos sumergía en la pista de baile dentro de una pura esencia de latina.

Desde Johnny Pacheco, pasando por Mongo santamaría la banda presentó un repertorio a puro frenesí, con toques jazzeros movidos por un viento cercano en influencia a Archie shepp. Calle Mora, grupo multiétnico afincado en Madrid con más de una década ya de rodaje, tiene un impetuoso y crudo directo, un latín jazz bien trabajado y mejor aún propuesto al público, con marcada disciplina rítmica y a un nivel constantemente alto. Aunque, tal vez por la sala, tal vez porque no era el día, no vendría mal algo menos de potencia y menos saturación de amplificadores para darle así el brillo y la claridad que poseen sus instrumentos.