Estuvimos en el primero de los tres días del Peyote Fest, celebrado entre las salas Boite y Replublik. Tres días de puro Rock bendecido por la energía que solo la intimidad del under te brinda para también recibir de manera cíclica, y formar así, un circulo particular e intimista entre músicos y público.

Vivimos dentro de un marco de constantes tomentas globlales. Tiempos de florecimiento del temor ante una posible perdida de lo mucho-poco (poco-mucho) que tenemos, o pensamos tener. Tiempos de escasos filtros éticos y de abruptas y empinadas cuestas para la transformación e innovación tanto artística como ciudadana en general. Tiempos de falsa difusión política, de enormes acontecimientos deportivos que mezclan y confunden la pasión, el deporte y la justicia social. Tiempos donde nadie quiere dar nada sin nada a cambio y donde el que apuesta por la renovación se convierte en un salvaje espécimen con el constante dedo acusador del que teme los cambios, no porque estos sean perjudiciales, sino porque desarmarían su telaraña oxidada de mentiras y falsedades.

En contra-partida de estas circunstancias encontramos aislados oasis en donde, reinados por el empuje de la ilusión, vemos el reflotar de viejas experiencias que emergen dentro de las podridas aguas que el capital denominó como sistema. Es así el caso de la gente de Peyote producciones, y su enorme apuesta que ya va por su segundo año de vida, el Peyote Fest.  Siendo esta pequeña productora una “promotora de conciertos de carácter independiente que apuesta y fomenta la escena rock underground a nivel nacional e internacional. Una herramienta para que tanto músicos como público puedan llegar a ese maravilloso y desconocido trance, entre lo espiritual y lo físico… un medio que sirve como complemento para la práctica y disfrute del rock underground”.

Con este empuje, con estas fuerzas y con estas ganas arrancó así el festival que traía en el primer día de su cartel a dos bandas locales como Paña Radiostation y Súper Skank. “Vamos a contar la historia de la Princesa y el Sapo“. Así arrancaba Paña Radiostation el primer día del Peyote Fest, un festival orientado al género ‘stoner‘ en todas sus variantes. A primera vista, ‘La Boite‘ madrileña no estaba lo que se diría “hasta arriba”, cosa que fue mejorando durante los primeros temas del cuarteto liderado por Alejandro Martín. Temas que rondaban los 4 minutos, ritmos pesados con pincelas de metal progresivo, letras en castellano y una atmósfera que no llegaba a ser comercial pero sí abierta a toda clase de oídos. Con una actuación que rozó la hora de duración, Paña hizo buena promoción de su último trabajo Resurrección‘, que vió la luz el pasado marzo, y con el que han buscado evolucionar a un sonido más crudo.

El segundo y último grupo de la noche fueron los esperadísimos Súper Skunk, que tras casi 8 años de parón volvieron a subirse a los escenarios a finales de 2011. Su estilo totalmente noventero, con reminiscencias del hip hop-funk de Screaming Headless Torsos, Rage Against The Machine o incluso los californianos Red Hot Chilli Peppers puso ‘La Boite‘ patas arriba. La sala entera conocía y entonaba los temas del grupo guiados por el experimentado Ro Llamazares, que a pesar de llevar años en la escena se movía por la toda la sala como un chaval de 17, repartiendo mensajes de esperanza de un lado a otro. No terminó la noche sin antes bajarse del escenario dejando a Javier Skunk a la batería llevando el ritmo mientras invitaban al público a subir y saltar con el tema ‘HP’ que supuso el cierre de un concierto que dejó a más de uno sin palabras. Terminó el primer día y una vez más reiterados pensamientos se nos forman en la cabeza: La conclusión de que sin infraestructuras elevadas, sin grandes presupuestos, sin el aparato mediatico y punzante de los medios de comunicación, también se puede. Se puede hacer cosas alternativas de gran calidad desde la entrega y la humildad, y ver en las caras del público el resultado satifactorio. Pero sobre todo, no solo el saber que se puede sino el entender, al igual que nos lo demuestra la historia a lo largo de todos sus años, que no existe el saber ni el poder sin el riesgo.

 

 

Texto: Rubén Armisen     /    Fotos: Roberto de Baltasar