Nuestra impresión, en caliente, tras el concierto de Candelaria en la Clamores, la resumimos en este tuit:   

@candelarialibre son los Weather Report del siglo XXI. Pronto fotos y crónica de su conciertazo en @salaclamores.— Frecuencia Urbana (@frec_urbana) febrero 10, 2013 

 

A lguien podrá decir que hay que guardar distancias, y admitimos que no están en el mismo género: Candelaria tienen una vertiente folk y jazz que los aleja de Pastorius &C.. Su eco, sin embargo, nunca deja de sonar durante las dos horas de concierto. Después de tres años de silencio en el estudio, la banda ha presentado en 2012 su Bo Djubi Songh. La traducción de esta frase, en lengua Kiriol, es “Fíjense” y es con esa actitud que el grupo se presenta al público en la sala: acérquense, fíjense, disfruten de la buena música.

Juan Carlos Aracil se convierte así en el líder involuntario de un grupo que no tiene miedo a denudarse -musicalmente hablando, se entiende- ante el público pagante. Su flauta travesera hace de marco a unas melodías que pasan de lo caraíbico al jazz progresivo con un toque balcánico, tanto que más de uno, en las últimas filas, detrás de las butacas, se deja llevar por el baile. La banda no es nunca banal, incluso cuando toca temas con sonido más clásico, como “Humo”, donde la atención es toda para el saxo Fran Mangas. Un instrumento que, por cierto, esboza algunas de las improvisaciones más emocionantes de la noche -y no es nada fácil tener que elegir. El ritmo de la banda lo llevan sobre sus hombros el limpio bajo de Carlos Tato y las percusiones de Jerús Mañeru y , uno a la batería y el otro entre congas, panderetas y gong: el trío crea el escenario musical en el que se mueven los demás con una continuidad vital y potente que, como en los directos de los más grandes, consigue no perderse entre tema y tema.

La banda se atreve también con temas de folk gaélico o incluso de raíz africana, pero sin abandonar nunca precisión y dinamismo con los que dejan bien atada una actuación magistral.