“Mi abuelo tenía razón: las expectativas son malas”, iba pensando al salir de la Sala Clamores el pasado domingo, en una de las primeras noches de calor de la primavera madrileña. Petete y La Banda, adelantados por Gatoperro, acaban de tocar durante una hora y medio en el escenario de la mítica sala. Energía, baile y alegría son las tres palabras que resumen su actuación. Pero un regustillo amargo se nos queda en la boca. ¿Qué acabamos de ver?

El grupo viene de Granada. De la ciudad andaluza está recorriendo todo el país con un giro al viejo estilo: ir, tocar, y otra vez en marcha. Los ocho jóvenes músicos presentan así su disco, Roumbanouche ‘n’ Roll, en el que saltan por diferentes géneros con un estilo muy proprio. A la rumba más típica asocian potentes guitarras eléctricas, y cargan mucho los temas blues-rock como con “El séptimo arte”.

Una vez en la Clamores, sin embargo, lo que parece es que haya demasiado sonido y que sea demasiado impostado. Poco espacio para la libertad expresiva de los músicos, en una actuación totalmente centrada en la figura simpática y extrovertida de Petete. La banda se queda así demasiadas veces en accesorio,  en banda sonora de una una fiesta que ellos son los encargados de animar, pero en la que no participan.

A pesar de momentos álgidos como la versión de “Got My Mojo Working”, más de un tema queda muy pomposo, pero sin energía, como ocurre con “Confetis en el Pelo” o con otros momentos de rock que, escuchados en el disco, nos habían sonado tan bien.