[su_heading size=”20″ margin=”0″]Muerdo (Pascual Kantero) defiende los temas de su nuevo disco dentro de la libertad y en el precipicio que te da el escenario, con la responsabilidad que este se merece, coraje y corazón. Desgarrándoles la piel a cada uno, no para despellejarlos y que mueran desangrándose, sino para vestirlos con la suya propia.[/su_heading]

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[su_dropcap]S[/su_dropcap]e presentaba Muerdo en la madrileña sala Galileo Galilei bajo una gran expectación e intensidad estrenando en directo su último disco (“Tocando Tierra“)  Es inevitable que antes de toda presentación las sensaciones previas, a medida que el tiempo avanza, emerjan con gran ansiedad ante aquel momento tan esperado. Y que, aceleradamente mientras se acerca el ya “inevitable” instante temido, ansiado y tan soñado; los nervios, el éxtasis, la adrenalina, recorran las profundidades de tu estomago ante lo que se presenta, jugando con la ansiedad y la ilusión como si de un yo-yo se tratase que sube y baja estrepitosamente. Es en aquel momento donde se diferencian los artistas que poseen aquel “don” casi elemental para una carrrera profesional. Aquellla capacidad, actitud y, sobre todo, virtud que unos tienen para convertir un escenario en el salón de su casa y matar asi las ansiedades.

La virtud, si, la misma que gana adeptos mediante el trabajo y los pierde en las universidades. La misma que, sencillamente, es ella cuando simplemente se remite a ser. A prescindir de los banales e hipócritas discursos autoritarios de la imposición y falsos vicios, rotundos e irreconciliables enemigos de esta. Es la virtud entonces, tan compleja y difusa, tan audaz, altiva y distante por momentos, la que salta a escena junto a Muerdo y su banda, y envuelve aquellas emociones en un calido abrigo adormeciendolas y no dejanlandolas entrometerce entre la manifestación de un arte y el arte mismo, que paradojicamente tanto necesita de miedos, nervios e inseguridades. Es aquella virtud, como deciamos, tan inquieta, de a ratos tan efimera y por otros tan perenne en la mente y pensamientos de sabios, quien toma con el correr de los primeros temas las riendas del concierto, cobijando al artista con sinceridad y valor ante una sala a casi llenar y que desde el minuto cero recibió al cantautor murciano como si en casa misma se encontrase.

Vemos desfilar aquellos pedazos de instantes, trozos de vida, segundos de alguna película convertidos en canción de manera fugaz y entrañable. Momentos de un todo bañándose bajo el calor de una Galileo Galilei entregada ante las sedosas melodías de Muerdo y animadas bajo una precisa y gran banda que lo acompaña en este viaje: [su_quote]Una Enérgica base rítmica, una guitarra bañando con capas y texturas los temas y un aterciopelado saxo cerraban el circulo melódico, además de la segunda voz que apoyaba y daba libertad a Pascual.[/su_quote]

 

Seguros estamos entonces, siendo la virtud la que predomina en la escena de este gran artista, que aquellos tenues nervios iniciales serán olvidados rápidamente y, que con el correr y la soltura que te dan los conciertos, brillará el sonido compacto entre solista y banda en unas canciones que solas se elogian y que, como todo lo que ofrece calidad, poco necesitan para conseguir transmitir emoción y contagio.

Muerdo ha conseguido, con este nuevo disco, continuar con un trabajo empezado tiempo atrás con “Flores de Acero“. Porque continuar no es solo seguir, sino reafirmar un camino, poner piedras para cruzar los charcos y tapar, con esfuerzo e ilusión, los agujeros del techo. Pero sobre todo, consiguió con esta nueva propuesta adaptar un sueño propio a las circunstancias, ayudado por el crowfunding, deshaciendo los mapas ya trazados con anterioridad aunque sin perder la búsqueda del aquel tesoro. Rompiendo el silencio, solamente para embellecerlo.

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