A la costumbre la disfrutamos justo un segundo antes del hartazgo. En aquel limite aún nos regala trazos de recuerdos imborrables. Celebraciones rutinarias que nos arriman a la inaccesibilidad de los rincones pasados, al “averno” de los agujeros futuros. Despojándonos lentamente del placer de lo nuevo y acercándonos, con suaves y secos manotazos, al abismo del rito cotidiano.

El grupo residente en Madrid, Ginferno, cierra una etapa grupal en la que junto a Los Saxos del Averno han conseguido encender unos de los fogones de la cocina musical alternativa de Madrid. Quince años alimentando las caderas del público más under de la ciudad. Rediseñandose, cambiando, mutando innumerables veces en todo ese tiempo. Habituandonos a su ruda música a la vez que a sus refinados arreglos, a sus potentes directos y a su “radicalidad” escénica. Con gran destreza y enorme talento, el grupo que suma dos discos y un Ep en el mercado, conjugaban allí por donde iban jazz, punk, rockabilly y hasta pequeños trazos de un crudo mambo, con una potencia, energía e identidad demoledora. La voz aspera de Kim Warsen; Las corpulentas y arrojadizas lineas del contrabajo de Javier Díez-Ena; Los lúdicos punteos de Daniel Fletcher en la guitarra y LA MAESTRÍA del juego de vientos de Los Saxos del Averno, nos acostumbraron en cada uno de sus conciertos a vibrar con su música y saltar sin parar con sus melodías.

 

Sería interesante comenzar a preguntarnos cada vez más y a reflexionar juntos como es que a muchos de los proyectos más audaces y arriesgados de la ciudad los vemos disminuir en numero de actuaciones, o directamente desaparecer, escabulléndose de los oídos a los amantes de los directos.

 

Es una cuestión nada nueva que la vida del artista alternativo, sacrificada y poco reconocida, busque la reinvención a cada instante hasta encontrar con aquel punto de reconocimiento tanto artístico como económico como para poder continuar con una “propicia” carrera músical. Tal vez la falta de incentivo haya producido el “cese” temporal del grupo, tal vez, las inestables y, en muchas ocasiones, paupérrimas condiciones de las salas hayan propiciado que el grupo, con ocho miembros en escena, deje lugar a un hipotético trío más “rentable” (No sería, ni mucho menos, la primera vez que lo vemos suceder, y como vienen las cosas, seguramente que tampoco la última).

El hecho es que por cuestión económica o por cuestiones alejadas al dinero, Ginferno a decidido tomarse una pausa indefinida y lo hemos podido despedir de la mejor manera que podíamos la noche del sábado en la Sala Tempo: Bailando y disfrutando como en tantas otras veces con su música. Aún dejandonos un gustillo amargo por ser el último concierto y porque, conociendo la calidad profesional de los integrantes, sabemos que mucho más arriba del escenario pueden dar. Tal vez la imposibilidad de cubrir un sueldo digno o la autentica y fiel búsqueda artística de reinvención sean las culpables de este parón. O, incluso, la misma costumbre que a ido intimidando al grupo, impidiendoles sentirse libres arriba de un escenario, obligandolos a cerrar una puerta, para abrir otras ventanas.

¡Eso sí, esperamos verlos, juntos o revueltos, muy pronto en los escenarios nuevamente!

 

 


Texto: Iván lionel   /   Imagen: Mohamed El-Jaouhari