Ni bien uno comienza a escuchar a Tasty Grooves va ingresando paulatinamente dentro de un ambiente de una cálida atmósfera, un sonido roots que consigue, con las primeras notas, desplazarte en espacio-tiempo hacia calientes aceras de algún barrio centro-caribeño. Resaltando una agradable intensidad a un buen ritmo groove, de marcado bajo y ausentes distancias.

 

 

Difícil se hace a veces ( y más aún cuando días antes nos has parado de escuchar su gran y primer Lp “Soul Street“, de brillante confección), disfrutar de dicha propuesta y de ese característico sonido cuando la sala no parece ofrecer la mejor opción para el disfrute de esta banda. Cuando, a metros del escenario, la banda suena como si estuviera en un local de ensayo dentro de un mal insonorizado sótano. Y no tanto por el despliegue sonoro de la banda, ya que en otros diversos escenarios de la ciudad habían demostraron precisamente lo contrario. Resultaba ser, al parecer, algo más bien ajeno a ellos, en una sala donde hemos tenido buena recepción en anteriores veces. Pero en esta ocación encotrabamos a un teclado que parecía estar marginado en un vacuo escenario, a solas. A una guitarra melódica a media respiración por la extensión de un obeso bajo. Síntomas que, gracias al gran trabajo arriba del escenario del grupo, con un gran compromiso escénico, fueron relegándolos hasta restarle importancia alguna. Ya que en cuestión de ejecución, Tasty Grooves brilla tanto en fondo como en forma.

La banda madrileña realiza un espectáculo completo que te lleva por los relucientes rincones de muchas de las vertientes de aquella música negra posterior al ska. Un camino, el que nos propone la banda, en el que recorremos desde el Rocksteady con los vibrantes rasgueos de la guitarra de Javier Ochoa (también Blueskank) y una marcada zancada del bajo de Pablo Cano, hasta convertirse en un puro reggae roots gracias a la incursión rítmica de los teclados, en este caso a cargo de Oscar Martos. Todo ello, sumado la batería de Maximiliano, forman un circulo “groovy” fantástico, un potente sonido “Dub” que te acerca a la mesa de artistas como The Silvertones, Gregory Isaac o Cornell Campbell, entre otros.

Edu Martinez (The Brass Ass), en la otra guitarra, acondiciona los temas de una gran textura sonora y se une junto a las chispas de R´n´B y soul que se encienden con la voz de Marc, que desde el vamos se convierte en un showman llavando el peso de la puesta en escena, moviéndose sincopadamente y provocando e incitando al publico al baile, terminando así el circulo de esta más que sugestiva banda.

 

El compromiso de la banda es total, defienden sus temas con emoción, con ahinco y una implicación envidiable. Implicación, que partiendo desde el escenario, consigue rápidamente que el público tome la posta y se una así al convite en una sala practicamente llena para ceder a una fiesta total, irresponsablemente entregados a la tarea de pasarlo bien. 

 

Consiguen hacernos olvidar que muchas veces reunir las condiciones aptas para que las ganas, y “ese” éxtasis previo ante un acontecimiento esperado se aunen con la materialización de dichos deseos, no es para nada tarea fácil. A veces, no consiguiendo acariciar a las expectativas creadas, en otras muchas, sorprendiéndonos para bien. Tal y cual fue el desenlace del concierto de Tasty Grooves, una banda que busca hacerse un hueco dentro de una “poco difundida” escena roots local, a base de gran determinación, trabajadas ejecuciones y un condimento extra que, ya solo eso, da motivo de animo a la banda: extraordinaria presencia escénica e implicación total al proyecto presentado en la sala Tempo, y que junto a su reciente Lp, abren la puerta a una renovada y más que deseada vuelta al sonido roots. Presentando nosotros, el público, la esperanza de que Tasty Groove consiga ser aquella descarga electrica que logre contagiar, y encender de a poco, lo apagado que esta dicho estilo y que desde aquí reinvidicamos su falta de oportunidades.