“…Ocurrió así que, el viernes por la noche, The Parrots y Los Nastys hicieron añicos aquella acorazada construcción, rústica y amateur, en poco más de dos horas de concierto. Acorde tras acorde, grito tras grito, destruyeron cada uno de los ladrillos que ha ido levantando la percepción sobre la ya mítica muerte del rock, incendiando más que nunca la Sala Sol…”

Los acoples y crudas melodías fortalecen los duros cimientos del under-punk madrileño. Un vasto y deslucido edificio que aglutina décadas de esplendor y varios años, entre decaimiento y resurrección, que nunca llega a ser total. Un edificio sólido, macizo, de anchas paredes adoquinadas con viejos acordes, y largas y coloridas melenas y crestas.

Buenas noches, os queremos, Salam Alekum”, arrancaba el concierto, desaforado, el cantante de The Parrots, Diego García, mientras Daniel, en la batería, pedía más volumen de bombo y Alex Delucas con su bajo se subía a él como para que los graves retumbasen y subiesen desde el estómago a la cabeza. The Parrots presenta un directo demoledor; seco, rotundo y al constante límite de la locura, el éxtasis y el frenesí. Un surf-punk de garage, distorsiones y acoples varios. Auténtica radiografía de las más puras psicodelias urbanas.

Un potente trío en un gran escenario, que dejaron pequeño gracias a su entrega y energía, desbordándolo en todo su esplendor; mientras el público, entregado al sudor de sus camisetas, no paraba de desgañitarse con cada uno de sus temas y las películas de Sergio Martino, que desfilaban en el proyector de fondo, adornando la especial noche de “Todos los Muertos”. La ebullición total de la noche llegó cuando Los Nastys hicieron sonar sus ya himnos generacionales y existencialistas, que van marcando punzantemente el retrato a una generación que, inquieta entre el hedonismo y la fantasía, busca respuestas a preguntas como: “¿qué pasa con la gente de hoy…? Ya no hay sitio para mi…

Los Nastys, luego del arsenal de destrucción sonora a cargo de The Parrots, se movieron con absoluta comodidad entre los escombros sonoros, entre la suciedad y los desechos del punk-rock más despiadado y crudo. Con una base rítmica de enorme potencia a la vez que veloz, y un carisma arrollador en la puesta en escena, combinando la estética del rock más salvaje con la locura musical y un delirante espectáculo en su conjunto. Sabiendo que para armar hay que romper primero, y para crear hay que saber destruir. Una loca noche de Halloween donde una sala llena deliraba a la vez que coreaba “Madrid está muerta”, y donde, gracias a la música, nos sentíamos más vivos que nunca.

 

 

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Texto: Iván lionel   /    Imagen: Mohamed El-Jaouhari