Cumbia, calipsos, country, bluegrass, folk, además de blues, se debaten constantemente por sucederse unos a otros configurando un disco nada pretencioso, aunque muy serio y de gran personalidad

Dos integrantes del mundo musical nacional, Raúl Frutos e Inma Lopez, han dado vida a Crudo Pimento, proyecto recién nacido que consigue, con su primer disco, que sonidos clásicos y atemporales suenen frescos, pero respetando la crudeza de antaño.

Crudo Pimento, nombre que da la banda a su primer LP, es un disco de múltiples variantes y diversas vertientes que emanan con fuerza y rigor sobre el oyente. En su primera pasada, a simple audición, se ve una clara influencia de la escuela del extremeño Gecko Turner: no cuenta con la limpieza de sonido ni variedad de texturas de éste, pero si con las características de fondo. Sonidos trabajados, búsqueda armónica y extraordinario tacto de ritmo. Así, Raúl Frutos, un multi-instrumentista autodidacta en constante proceso de ebullición, además de creador de sus propios instrumentos, muestra otra cara del mestizaje. Una cara en la que no solo importa la expresión sino también el significado, esa constante búsqueda lúdica entre lo que hubo y puede haber -o está por venir. Donde a lo conocido se le pone patas arriba para dejar caer todas esas capas de prejuicios y terminar apropiándose de él como propio.

Encontramos así, en su peso específico, una gran influencia estadounidense, recordando en temas como Dream and alchool, a aquellos hombres centro-sureños estadounidenses que, ukelele en mano y palo de paja en la boca, lentamente se hamacan en la puerta de su casa, mirando apacibles el horizonte y cantándoles al naranja violáceo del campo, ya silencioso del atardecer. Pero los interpretes no descansan ahí y las cataratas de sonidos y ritmos nos inundan a lo largo de todo el disco, en pleno proceso de auto-producción, como no, una vez más gracias al crowdfunding. Cumbia, calipsos, country, bluegrass, folk, además de blues, se debaten constantemente por sucederse unos a otros configurando un disco nada pretencioso, aunque muy serio y de gran personalidad, que como bien explican sus integrantes, “parte de la necesidad de devolver la música a su mínima expresión y máxima crudeza”.

Un disco que, brindándole otra vuelta de tuerca al producto nacional de la música, cumple con una máxima poco repetida en la actualidad: la sencillez y originalidad son mucho más cercanas  a la belleza de lo que nos parece.

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