Hay un efecto curioso, que no se si es debido a la casualidad o a algún tipo de energía superior, pero siempre que paso por la sala Wurlitzer, siempre, salgo sorprendido, para bien por supuesto. Puede que sea su localización entre las luces de Gran Vía lo que permita que la sala sirva de una especie de catalizador o nodo a conquistar. La primera vez fui por casualidad y encontré a una especie de Joe Cocker gallego al frente de The Soul Jacket, y que sobre el escenario cantaba un blues que pronunciaba palabras de libertad. La última vez que fui, el pasado jueves, me encontré a Dinamita Brother.

El grupo tiene una formación simple, con Nacho Zugaza a la guitarra y voz y Xavi Saenz a la batería y apoyo; no necesitan más. Ambos tienen el típico aspecto de “niño-bien” proveniente de un barrio residencial de las afueras de la ciudad, pero cuando empiezan a tocar, y las caras empiezan a gritar, a morderse los labios dejándose llevar, a moverse frenéticamente, las etiquetas quedan olvidadas.

Su mezcla de géneros, que si tuviera algún sentido clasificar, se enmarcarían en un rock de finales de los 60 y principios de los 70, con toques de psicodelia y de rock n’ roll. Pero lo importante es la energía. Frente a fórmulas de experimentación que a veces parten la pana pero otras veces son incomprensibles, al menos para mí (no se qué de la miel y la boca del asno), el dúo madrileño apuesta por pura potencia musical, obviando su auto denominación psicodélica para dejar paso a la energía, a la música visceral, haciendo ruido, rock, todo a la vez, todo por separado, y nada en concreto.

Últimamente, en el panorama hay una proliferación de grupos (dos o tres concretos vienen a la cabeza), que se escudan en el sonido garaje, entendiendo por garaje más ruido que formas, pero con finalidad clara. No tiene por qué ser algo malo siempre y cuando a través de su música logren transmitir, pero el problema viene cuando se amparan bajo la bandera del ruido como una especie de excusa para no tocar bien. Los hermanos dinamita hacen ruido, pero con un respeto absoluto a la música, y discurren con sus dos instrumentos una gama de sonidos propios, bien tocados, del autodidacta amante de lo que hace, demostrando que aunque el arte no se aprende en un aula, tampoco lo hace cualquiera.

dinamita

Es entonces, cuando la deflagración estalla y la energía del escenario se convierte en una explosión donde las formas se abandonan pero se mantienen al mismo tiempo, las cuerdas se rompen y el batería se come el micrófono como reclamo por el protagonismo de aquellos que se sientan en la parte menos visible del escenario. Y es entonces, cuando ni el batería puede mantener la formación, cuando el público rompe en pogo y nace esa hermosa amistad de darte de hostias con la gente de alrededor sin ningún tipo de mala vibra. Y es casi imposible no hacer fabulaciones y crear ensueños con la pregunta de cómo sonaría el grupo con un buen bajista.

 

Texto: Diego Rodriguez Veiga (@diegoricks) / Imágen: Iván lionel

 

Recordad que Dinamita Brother, junto a Matuja y Cassandra estarán tocando

en el Gruta 77 el jueves 25 de febrero, dentro del ciclo “Aquí radio Gruta

Estación rock: Matuja + Cassandra + Dinamita Brother

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