El nuevo disco, Day II, se siente como una especie de desfibrilador para la mente. Como un pogo que va del público al escenario, y viceversa, agitando todo aquello que se pueda remover en nuestros adentros.

A veces sucumbo. Sucumbo ante el peso de todo cuando no tengo donde apoyarme. Me encierro en mí mismo, retroalimentando esa sensación grisácea. A todos nos pasa de vez en cuando que entramos en un bucle del que no podemos salir o ni siquiera nos planteamos salir. Y ahí es cuando me encuetro con el último trabajo de Dremen que, como un buen colega, te mete una ostia y te dice: “¡espabila coño!”

Encontramos en el LP EDM, rap, reggae y dancehall, pero la música vuela por encima de todo ello sin entrar en un género en concreto, creando así una mezcla que refleja a la perfección la variedad que hay dentro de los integrantes del grupo.

Desde aquí, mirábamos al otro lado del charco viendo como artistas de la talla de Kanye West, Jay Z o los legendarios Cypress Hill se han ido subiendo al carro de renovar el rap a base de mezclarlo con música electrónica. Pero en España la cosa es diferente; las discográficas aún siguen estancadas en ver cómo sacar provecho de artistas que hace diez años que dejaron de ser aprovechables y el público muchas veces se muestra reacio a grandes cambios. Pero si algo claro estaba, es que tarde o temprano llegaría aquella revolución musical necesaria para evolucionar. Revolution is evolution dicen los chicos (y la chica) de Dremen, y desde luego esta revolución les ha convertido en un grupo referente que ha logrado encontrar un nicho con un estilo y sonido propio.

Sí es verdad que el grupo ha sufrido ciertos cambios y hay voces que por desgracia tenemos que echar de menos; pero los nuevos fichajes con la misma filosofía de siempre de que cada uno da lo mejor que tiene, hace que miremos al pasado con cierta añoranza pero sin mirar al futuro con desdén.

Lo nuevo de Dremen, Day II, además, no solo cuida su contenido sino su estética. La portada del CD es simplemente el nombre del grupo escrito en el disco (algo que vuelve a recordar un poco a Kanye) y nos trae una pegatina y un bastoncillo de oídos. Pero el bastoncillo viene sin instrucciones y uno se lía; no se sabe si es para antes o después de oírlo. Si es para limpiarnos la mierda acumulada, o para quitarnos los despojos de su música, que tanto se pega en nuestro ser.  Eso, ya lo dejamos a gusto de cada uno.

 


Texto: Diego Rodríguez Veiga (@diegoricks)