[su_heading size=»20″ margin=»2″]El concierto de El Círculo de Willis era un viaje haciendo escalas en las «verdades» de la banda, de «Fabulas», su último disco. Un disco lleno de fuerza, vigor, identidad, temperamento y sobre todo mucho arte. Con todo eso, además, en el directo superan elevadamente cualquier tipo de expectativa[/su_heading]

 

[su_dropcap]M[/su_dropcap]uy buenas damas y caballeros, niñas, niños, ancianos, pasajeros errantes o seres con destino fijo. Bienvenidos a un viaje que no tardará más que un abrir y cerrar de ojos en emprenden la marcha. La marcha que se forjará sobre un sinfín de caóticos y anárquicos lugares, recorriendo así los confines más arriesgados y placenteros que cualquier ser puede recorrer, un viaje por nuestros cuerpos explorando el territorio de la mente humana. Cruzarán angostos y afilados pasillos donde sortear el porvenir no les será tan significativo como aventurarse en el presente mismo.  Por momentos, derribaran macizas cordilleras para encontrarse en gratos jardines de delicadas plantas y dulces setas, donde podrán dejarse llevar por vuestra hombría e intelecto. Tal vez, en una de esas, descubrirán así que son capaces de realizar cualquier cosa que el destino les ponga en el camino, «cualquier camino que tenga corazón», valedores de una necesidad. Ya que en este exultante y energético viaje, no la pasa mejor el que llega, sino el que se deja aventurar en él.

Muy buenas a todos y bienvenidos una vez más, no dudamos de que van a saber disfrutar de la excelente compañía de este cuarteto madrileño a cargo de los mandos, con todos vosotros: El círculo de Willis

…..Y nosotros, sin dudarlo de manera alguna, estuvimos en el Gruta este último viernes, nos agarramos bien fuerte al caño de escape (nuestro escondrijo preferido) y emprendimos el viaje que los Willis nos proponían. Un viaje que fue haciendo escalas en las «verdades» de la banda, de «Fabulas», su último disco. Un disco lleno de fuerza, vigor, identidad, temperamento y sobre todo mucho arte. Con todo eso, además, en el directo superan elevadamente cualquier tipo de expectativa.
El grupo, con ya más de una década rodando por aquí y allí, conoce a la perfección los rasgos necesarios de un buen anfitrión y nos da una agradable y calurosa bienvenida, pero antes de acostumbrarnos a la monotonía de alguna que otra banda, nos marcan firmemente su territorio con un grueso y potente riff de guitarra perfectamente amaestrada por el «niño«. Nos recuerdan así que no nos confiemos demasiado, que el suelo de Willis es movedizo, a la vez que nos sacuden con el pronunciado bajo de Tomi y la pegada hilarante de Iván Huevo en la batería y nos adentramos casi casi sin darnos cuenta en las penumbras de un viaje donde nada parece ser lo mismo que segundos atrás.
Recorren callejones de entretenidos juegos rítmicos y pasajes borrachos de adrenalina progresiva. Una engatusante y sosegada flauta entra por algún encubridizo vagón reclamándonos con fervor, «¡pasajeros al tren!». Una gran conjunción psyco/rock-progresiva, que no puede otra cosa que rememorar las aventuras de aquel Don Juan y sus enseñanzas, de aquellos caminos septentrionales y alucinógenos que nos muestra la gente de La Renga y esta, su «Paja Brava».

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[su_quote]»…No intentes apartar a los peces de los mares ni a las aves de los vientos….no comentes que en mi cuarto esta la guerra ni que el enemigo soy yo….no podes el árbol de las verdades, dejalo que se extienda, que se fluya la nada por el todo y déjame vivir, vida, por las ramas de lo imposible, donde los sueños no se acaban…»[/su_quote]

… Así una voz en off nos despide de «Tu no sabes lo que has hecho«, mientras Iván aprieta fuertemente los soportes de sus platos. ¡Agárrense bien, esto comienza a coger velocidad! Y así le siguen al viaje temas como «El turbante sin cabeza«, «trispis«, «La batalla de los soldaditos de plomo«, una batalla que en sus respiros se alimenta de la sedosa flauta e impetuoso saxo, ambos a cargo de Gonzalo y una sutil ejecución de sintetizadores y guitarra. [su_column size=»1/3″]Los instrumentos se entienden a la perfección, saben caminar por holgadas y salvajes callejuelas sin pisarse y por oscuras y anchas avenidas sin que la distancia los pierda el uno con el otro. Nos permiten, por momentos, un viaje inalterable en su rapacidad y, por otros, uno completamente altruista, determinante, dado a la expansión.[/su_column] Así prosiguen con una mezcla de estilos musicales, sin miedo al despilfarro de frenéticos desenlaces y desenfrenadas aventuras por las que transitar, canción a canción, la historia de las verdades que nos cuentan en «Fábulas». Un estilo que ellos mismos autodeterminaron «SPIRALFUSSION«, cansados de la obligación de tener que dar con la necesidad, externa, de tener una definición para explicar qué es lo que hacen exactamente y aferrarse los demás a ello, en lugar, de como bien hacen ellos,  de contar con una búsqueda ausente de límites que confinen así su exploración.

Como habíamos puesto en nuestra sección de recomendación de la semana, El circulo de Willis es de aquellas bandas que verdaderamente da gusto encontrarse por las salas. Una banda que siempre te brinda todo, con una generosidad incorruptible y un afán desmedido. Encontrarás en ellos siempre algún toque de novedad, de intolerancia a la rutina, principal requisito para ser grandes, únicos, diferentes. Entonces sí, gracias por ser un grupo de minorías, pero sobre toda las cosas, gracias por que ser un grupo de minorías que como bien ellos dicen, «les sude el rabo serlo».

Y también gracias a la gente que apuesta por esta música y a las salas como el Gruta que, además de ser un negocio que debe resultar rentable, confían en este tipo de propuestas a los «margenes» de la masividad, se comprometen con un pensar y así lo demuestran mes a mes.

 

[su_heading size=»18″ margin=»0″]Conoce más de El Circulo de Willis aquí [/su_heading]