el sello de la banda es inconfundible: un hard-rock setentero con raíces sureñas muy potentes que se instala como un trompada de un peso pesado directa a tu medular.

Tercer disco (¿O quinto?) de esta banda madrileña que consigue definitivamente instalarse dentro de la escena emergente del rock tanto nacional como internacional.

Ya va siendo todo un “clásico” de la banda editar sus discos tanto en versión en castellano (Paranormal Radio, 2012) como en inglés, tal es el caso del disco que os estamos presentando, Antigravity Sound Machine, publicado el mismo año que el anterior: estrategia de marketing para poder así abarcar más mercados, seguramente. Auqnue también una vez escuchados ambos, podemos destacar que aunque el concepto no varía, además de las letras que no son una simple traducción de un idioma a otro sino una identificación y una conexión particular, sí se nota el cambio de sonido que encontramos en un disco como en otro. Siendo la versión en español, tal vez, por el simple hecho de la modificación del idioma, tal vez no, donde hallamos un sonido algo más “rústico, cargado y sucio” a comparación de la “frescura y limpieza” que transmite su homónimo en ingles.

En cualquier caso el sello de la banda es inconfundible, un hard-rock setentero con raíces sureñas muy potentes que se instala como un trompada de un peso pesado directa a tu medular. Un estilo ardiente y directo, sin tapujos, ni demasiada envolturas, maquillaje ni aderezos excesivos. Podría estar grabado perfectamente en directo, porque así es como suena, sin necesidad de una grande superproducción para que te cargue las pilas con una energía arrolladora.

Apreciamos a lo largo del disco una enorme contundencia, tanto en el desarrollo como en el acabado de cada uno de los temas, todos diferentes y distintos entre sí, dándonos la impresión de solidez y algo muy importante sobre todo a rescatar, de unión grupal. El grupo es definitivamente una unidad y eso es claramente destacable, ya que no siempre es fácil de conseguir esa conjunción sonora, a pesar que la materia prima sea buena.

En definitiva, El Dorado consiguió transmitir en su último disco una fuerte solidez y poderosa contundencia, de la mano de unas guitarras asperas y de gran presencia, una certera y agraciada batería, un bajo que no se queda atrás en ningún momento sino que da la cara y unos cuantos pasos al frente cuando así es necesario, mostrando enormes conocimientos y flexibilidad, y una voz que nació pura y exclusivamente para cantar Rock and Roll.

Así, encontramos en Antigravity Sound Machine un disco fresco y directo, pletorito de un carácter y una garra abrumadora, que atraviesan, cual punzante y filosa puñalada, las jugosas y siempre sedientas venas del Rock, quienes se venían enflaqueciendo a falta de nuevos y potentes corazones que las bombeen.

 

 

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