Actuaba ElDorado en la Sala Caracol el pasado Sábado presentando su última propuesta discográfica, “Karma Generator”. Además de su ya clásico rock setentero de sonido potente y composiciones trabajadas, no hemos visto nada nuevo sobre el escenario…¿O si? 

 

ElDorado es una banda peculiar dentro del panorama del underground de la ciudad. Además de editar sus discos de a pares, uno con sus canciones en ingles y otro en castellano, este cuarteto madrileño suele pasar largas temporadas de giras, bien nacionales, europeas o en el continente americano, con lo que las ocasiones para verlos en directo se vuelven escasas a comparación de otros grupos con una constante presencia en la escena local. Así que cada oportunidad en la que se prensentan, siempre es a priori alentador e ilusionante.

La noche la abrieron un enérgico y dinámico dúo dueño de un rock vasto y potente llamado King of the North. Con un sonido arriesgado y decidido, audaz por la composición del grupo y eficaz, porque si de hacer buen ruido se trata, este dúo australiano se lleva la palma.

Ya con todo el público presente, poco más de dos tercio de la sala, y como buenos anfitriones de la noche, ElDorado no tardo en desplegar todo su arsenal sonoro al que veremos en el último tercio del show en su punto más álgido y explosivo.

La propuesta de ElDorado es sincera a la vez que convincente. Ni una deslumbrante puesta en escena, ni pretenden exagerar en su estética como grupo de rock, ni aumentar su poder sonoro a través de pretenciosos riffs o solos instrumentales. Suben al escenario y simple y llanamente se ponen a tocar. Transparentes, nítidos y luminosos. Ejerciendo como mero puentes entre la música que no entiende tanto de acordes como de sensibilidades y que transpasa la materia para chocar al público a través de la canción.

Alternado el ingles y catellano y mezclando temas ya clásicos del grupo con los nuevos de su reciente Lp y algunas aceleradas y crudas versiones como “I don´t need no doctor” de Ray Charles, ElDorado cada vez más se consolidaba con el paso de las canciones sobre el escenario de una algo lejana, o perpleja tal vez, sala Caracol.

El matiz diferencial precisamente que presenta este grupo de la capital es una fuerte presencia escénica sin necesidad de manifestarla de manera artificial cada cuatro compases. Esto hace que sin deslumbrar escénicamente, tengan un fuerte peso en el escenario sin necesidad de atarte a ningun complemento que te aleje de lo musical, dejarlos libres en él y así a su vez, liberar tus sentidos por completo.

Un viaje transparente y desafiante que te consigue atrapar con ese carácter transportador de la música y no soltarte hasta que el acorde final de la última canción lo permita. Puede entonces que no se vea nada nuevo arriba del escenario; solo porque tanto la novedad como la autenticidad, muy lejos muchas veces de la complejidad de lo moderno, se haya justamente en la simpleza y sencillez que expresa ElDorado al momento de transmitir su música. Y en tiempos donde lo superflúo supera lo genuino, y lo vemos por doquier en todos los ámbitos de la cotidianidad humana, es precisamente la novedad la que se vuelve prescindible y no así la originalidad de lo auténtico.

 

Texto e imágen: Iván Lionel

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