Me caigo, me levanto y al suelo vuelvo. Ruedo sobre mis propios talones y vuelo rapaz, acto seguido, sumergido en el sudor febril de mis propios sueños. Mi mente se despoja de cualquier atisbo de realidad y mis piernas, suaves y ligeras por una vez en la vida, bailan intrépidas la danza de la ya inacción perdida.

En mis oídos resuenan ritmos firmes como remedio de bruja y melodías ácidas como lengua de sapo y moco de dragón. La banda sonora la pone Forastero, heterogéneo grupo madrileño que con su último trabajo, “El submarinista en el tejado” (2016, lovemonk), hace temblar los cimientos del rock experimetal y el jazz progresivo. Fraguando nuevos senderos para un stoner-surf-funk diabólico.

En dicho trabajo encontramos tantos matices y tan mezclados, tan unidos y tan despiertamente dispares que el solo hecho de que el espectro de la palabra fusión se apodere de estas lineas me resultaría tan banal, hortera y hasta inquisitorial, como estúpidamente desacertado. El disco es más bien una catarata ardiente de ritmo que avanza sincopadamente deseosa de carnes estáticas a las que inmolárseles en su propio jugo…

Forastero lleva algo así como media década en los turbios laberintos sonoros del underground madrileño. Quinteto venido a sexteto donde todos, en su gran mayoría, presentan una amplia experiencia habitando aquellos suburbios del ruido donde tanto nos gusta perdernos (y encontrarnos) por estos lares. Quienes lo componen (habitués de esta casa, por cierto), bien sea maniatando invisibles cuerdas magnéticas con un theeremin, bien desde un inquieto barítono subversivo de graves (Saxos del Averno, Ogún Afrobeat, The Limboos y un interminable etcétera). Bien también, por ejemplo, estirando, amasando y destripando la poesía y la Canción (Javier Colis), mojándole la oreja al jazz (Dead Capo), hirviendo al ritmo (Ogún Afrobeat) o deslizando dinámicas texturas (Cosmosoul), enseñan que la variedad esta presente en la riqueza. Fuera de arcaicas recetas de pureza, cobardes prejucios y demas éxodos estomacales y/o urinarios.

Eso si, dentro de tanta mixtura, una pócima se encuentra como nexo en común que hace del disco una pieza uniforme dentro de la oscura diversidad que el mismo presenta: África. Sus diez canciones, más o menos rockeras, más o menos experimentales, más o menos funkys o más o menos jazzeras, desprenden África desde cualquier recodo de cualquier canción. En algunas casi imperceptible (tal vez), en otras tomando la delantera. El submarinista “desde” el tejado huele, respira, siente y palpa África de norte a sur del mismo. África desde alguna orilla de sus mares hasta el centro mismo de sus densas ciudades.

Caníbales de un ritmo que derrite las venas y enferma cualquier cadera de movimiento, Forastero debuta con un Lp cargado de cielos en llamas y paraísos infernales que aquí, sin más vacuos preámbulos, les dejamos para su uso y disfrute.

Texto: Iván lionel

 

 

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