Llegué a Gecko Turner a través de canciones sueltas quienes a su vez me llevaron a sus discos que uno a uno he ido disfrutando. Para mi, la música de Gecko es la que fielmente representa, a grandes rasgos, todo aquello que pido de un artista independientemente del estilo que sea: buena producción e ingeniería sonora detrás, exploración e inquietud musical y una actitud entre lo descarado y lo groovy.

Siendo la primera vez que podía ver en directo a este artista, estaban dados todos los condicionantes para que el pasado sábado en la sala Siroco presencie un gran directo. La sala por lo general suena muy bien y el perfil de la banda que lo acompañaba, a priori, daba buena espina:  Batería, guitarra, bajo, percusión, dos saxos, trompeta, coros y Gecko a la voz, guitarra rítmica y teclados.

Bajo una luz tenue una suave armonía de música disco daba comienzo al show, con un Gecko Turner tirado sobre la izquierda del escenario (gruesa chaqueta encima de una camiseta de fútbol), dejaba así toda la atracción visual a los tres vientos que ocuparían, no hasta el cuarto tema, todo el perímetro central del escenario.  Si bien el espectáculo visual se quedaba algo pobre, en los tres primeros temas dio todo un auténtico abanico sonoro de parte de su nuevo trabajo discográfico, “That Place by the Thing With the Cool Name”. Con gran habilidad musical, presentaba toda una conjunción de sonidos y texturas dispares. Aún manteniendo una base sonora definida, Gecko se da el lujo de poder jugar con los estilos sin perder su sello personal. La exploración de todos aquellos sonidos de raíz negra, es una constante en su carrera y así lo demostraba. Un abanico que se movía dentro del soul, funk, música africana y ritmos latinos pero siempre con un mismo hilo argumental, y sin descarrilarse en ninguna curva peligrosa. Incluso incorporando trazos de un rock muy velveltiano en algún tema.

Sin embargo había algo que faltaba para ser completo del todo o, al menos, que se quedaba corto con lo imaginado anteriormente (el adulterado mundo de las expectativas). Es verdad que el sonido no llegaba a cuadrar muy bien pero era ese “algo” que iba más allá de lo musical y que se disolvía en una carente energía y actitud escénica. Con el líder del proyecto sentado en un rincón y camuflado detrás de un teclado que solo llegó a tocar en dos temas, marcaba una gran distancia, mucho más que la física, entre el público y él.

No fue hasta que los vientos tomaron la potencia del espectáculo y ocuparon sonoramente toda la sala, cuando el show adquirió esa fuerza y disposición esperada. Dando un viraje así a hacia un colorido y educado afrobeat, consiguieron romper esa barrera y golpear los oídos y cinturas de los presentes.

Así, entre sólidos arreglos de vientos, una ajustada base rítmica y una guitarra que pretendía salirse de un libreto sin romper del todo los moldes, transcurrió el directo de una manera amena y agradable. Un directo formal, correcto y algo austero pero que no dejaba de carecer, en lo musical al menos, una gran técnica y un verdadero virtuosismo rítmico y compositivo. Las canciones de Gecko Turner están rodeadas de un groove especial en el que fácilmente te dejas llevar por él.

 

Texto e imágenes: Iván lionel