La capacidad para ser natural en el escenario no la tienen todos. En medio del ruido de los botellines de cervezas y de las charlas bajo las luces de neón, subir ese escalón, ponerse bajo el foco, embrazar la guitarra y empezar a tocar, como si fuera lo más normal del mundo, es un gesto complicado, íntimo. Aún más cuando tu público está a medio metro de ti, como en la Sala Siroco. Pero tiene que ser emocionante ver cómo ese público distraído se va moviendo, deja a medias sus frases, apoya las cervezas en la barra y se deja guiar por las cuerdas de tu guitarra.

Gelo Nutopia ha conseguido este pequeña magia con los primeros cuatro acordes de su actuación de este jueves. La formación se presentaba en formato acústico y reducido: dos guitarras, dos voces, las de Ángel Garrido (Gelo) y Pablo Oliva. Una versión minimalista en el que los temas de su primer EP, Reflexiones, pierden la carga energética de los ritmos más incendiados, los que mejor quedaron grabados en el disco.  Pero ganan en intimidad, en cercanía con un público al que Gelo declarará su amor  una infinidad de veces.

Las reflexiones de Gelo Nutopia son un ejemplo raro, en estos tiempos. Son temas gestados durante años, desde que el embrión de la banda se formaba en el norte de Madrid. Son temas -como no- reflexionados, pausados, en los que cada palabra tiene su peso. Son claves de ingresos para entrar a Nutopia, la república independiente de John y Yoko, en la que todavía cabe pararse a pensar: “pensando y pensando, no puedo soñar”.

Su voz, por cuanto no demasiado original, sí resulta siempre contundente y centrada en subrayar el sentido de lo que canta. Pelusas, uno de los temas más conocidos por el público,  hace de intermedio ligero a temas más cargados y rebuscados, como Nube de Humo, marcado por un arreglo de banda de rock de los años 90. Pero es con una de sus últimas composiciones,  Incendiarnos, Gelo demuestra no haberse quedado atrapado en la estaticidad de la gran mayoría de los cantautores nacionales, demasiado empeñados en mirarse el ombligo como para darse cuenta de que algo, ahí fuera, está pasando. Y es de ese Gelo que sale un tema que habla a las mentes reivindicativas, a los escenarios de guerrilla urbana y a quienes tengan -todavía- ganas de  gritar.