Siempre hubo una causa por la que luchar. Siempre hubo una justicia que emerge de las pantanosas aguas del bien y del mal; siempre hubo voces, plurales, que se unen en un solo grito. Los hay que gritan en manifestaciones, o en el congreso; los hay que gritan en casa o en frente de alguna sede… pero algunas veces, tanto grito solo contribuye al palabrerío efímero, que se diluye ante la sustancia. Pero los aullidos más poderosos son los de aquellos que no gritan, pero que se sacuden el polvo de las rodillas, que de sobra conocen el suelo, que miran, que madrugan y madrugan y comparten. Los aullidos más poderosos son los de aquellos que gritan en silencio.

Quizás una premisa parecida fue la que contribuyó al nacimiento de Gritando en silencio, o quizás no, porque el silencio tampoco es que abunde allá donde van. Cómo no hacer ruido si se trata de una banda sevillana formada por compañeros de instituto que diez años después llena una sala como la Penélope, tal y como hicieron el sábado pasado. “El rock no es precisamente lo que más está de moda, pero Madrid sigue siendo rockera”, dice Miguel Ángel Santos, guitarrista de la banda.

Santos nos recibió con Marcos Molina, cantante de la formación, en el camerino de la sala, entre empanadas gallegas, chucherías y fruta; aunque de todo ello, siempre con el fin de mantener la objetividad periodística, no picamos nada. No había nervios, la premisa “Madrid sigue siendo rockera” estaba muy presente, y más en su caso, una banda que a través del trabajo ha sabido mantenerse viva durante más de diez años.

En palabras de Marcos: “En el momento en el que decides que te vas a dedicar a la música, hay trabajos a los que tienes que renunciar, porque no son compatibles con la banda, novias a las que tienes que renunciar porque…” “No son compatibles con la banda” interrumpe Santos, y entre risas, “cuando tomas la decisión, cumples o te quedas fuera, el tren parte y se va. De hecho, bueno, no hemos llegado todos los componentes que éramos al principio” terminó Marcos mientras miraba al suelo y estiraba un brazo para comer una sandía de gominola del fabuloso festín.

Su música es un rock duro, directo y funcional, que bebe de las mejores referencias del panorama nacional. Pero sobre todo lo que llama la atención es su sinceridad; hablan de sexo, de alcohol, de lucha, de música y de amistad, creando así canciones con las que es fácil identificarse; la banda sonora de una revolución en el bar, en la cama o en la barricada. “Digamos que haces música y empiezas a conectar con tu alma gemela. Se sienten identificados con lo mismo que tú, se sienten partícipes de lo que estás haciendo, se suben al tren contigo” dice Marcos, “hay otros que tocan bien pero tienen otras cosas. El punk es el mejor ejemplo, nadie sabía tocar pero la gente demandaba otras cosas, lo que se quería era la energía y la actitud” añade Santos.

Gritando en silencio - sala Penélope (9-4-2016)

Tras esto entramos en una espiral de música y cambio social. Hay géneros que responden nada más al entretenimiento puro, pero hay otros, como el punk, que responden a situaciones sociales. Igual pasó con el blues o con el funk, o como apunta Marcos, hasta el propio jazz entra en esta categoría ya que se rebela contra la propia música en sí.

En España, la situación a la que mucha gente se ha visto obligada a plantar cara, ha creado un descontento que cala en muchas capas de la construcción social. Y la música no es menos. Hay géneros que ni se han mojado, pero otros, como el rap, sí han tomado las riendas y la canción protesta se ha vuelto más común, no solo por el mero hecho de protestar, esto siempre estuvo, sino que entra explícitamente en política y se posiciona. El rock está a medio camino “Con la que está cayendo, yo creo que debería haber más” dice Santos en referencia al auge de la canción protesta. Marcos añade: “El rock dejó de protestar hace bastante tiempo y han tomado el relevo otros géneros musicales. Esa parte reivindicativa del rock se ha hecho más tenue, pero parece que otra vez volvemos a protestar. Es una reacción natural, el rock siempre se ha mecido dependiendo de lo que ocurra en las aguas en las que flota, y las aguas ahora mismo son turbulentas”.

Aunque no son un grupo explícitamente político, o politizado, el protestar por una situación por la que no están de acuerdo, está en el ADN de Gritando en silencio como muestra de la sinceridad combativa que profesan. Esa sinceridad entra en perfecta armonía con la voz de Mario, rasgada y desgastada, que en conjunto con la banda lanzan un mensaje potente que golpea directamente en el pecho.

Otra muestra de su autenticidad, de su compromiso consigo mismos y con su público, es que aunque estén fichados por Warner, libraron una batalla amable para que su música aun así siguiera gratis en internet “Es algo que tenemos muy claro, la cultura no puede estar a disposición solo del que tiene dinero. Y además es un tema de reciprocidad, yo me he descargado un montón de discos; ahora que creo cultura no puedo decir no, no, ahora lo pagas” dice Mario.

Y no solo por esa faceta, sino que todo el rodaje que consiguieron en el mundo maquetero fue el que, de primeras, les puso donde están: “Es que sin internet no habríamos podido llegar a donde estamos. Si esas personas en el otro lado de la pantalla nos dieron alas, ahora no se las vamos a cortar nosotros a ellos” añade Santos. Por desgracia sigue siendo común que bandas que recibieron todo tipo de apoyos cuando eran emergentes, al firmar un contrato conviertan esa relación en un sistema clientelar, en el que pagas o nada. También están los que lo ven como un trabajo, y es otra forma legítima. Todo depende del prisma.

Son esas ideas claras, y esa música directa, la que recibe el público, un público que les quiere y a quien no paran de agradecer sobre el escenario. Se levantan las manos haciendo los “cuernos del rock”, se levantan las cervezas, se rompe en aplauso y la reverencia que Gritando en silencio hace al terminar sabe a una despedida demasiado amarga, pero que seguramente se convertirá en una bienvenida pronto. No lo olviden, la música cambia de sitio pero nunca acaba, y, Madrid sigue siendo rockera.

 

 

Texto: Diego Rodriguez Veiga (@diegoricks) / Imágenes: Iván lionel