¿Cuántas bandas querrían llenar la Sala Sol a mitad de semana cobrando a 10 euros la entrada anticipada?

¿Cuántas bandas querrían tener más de 30.000 seguidores en Facebook sin haber publicado ningún Lp aún?

¿Cuántas bandas querrían girar por varios continentes llevadas de la mano y sin sufrir apenas penurias?

Supondréis que hay que tener un talento muy apreciable para poder conseguir todo eso, que está sólo al alcance de unos pocos. 

 
Pues me temo deciros que no es el caso de las Hinds, la banda de muchachas que actuó el Miércoles reventando el local del centro de la capital dentro de su “gira española”. Sí, es un grupo madrileño de formación relativamente reciente que da siete bolos en capitales importantes del país (recién llegadas de Estados Unidos) como un paso más en su periplo internacional.
A nivel formal es una de las actuaciones con menos calidad interpretativa que he visto en mucho tiempo y aún así salí con muchas dudas del evento.

Era la segunda vez que las veía (la primera fue a causa de la recomendación de una ex, muy metida en la corriente trendy) y no podría decir que será la última. ¿Tocan bien? No. De hecho tocan bastante mal. ¿Cantan bien? No especialmente. Desafinan y gritan desgañitándose a veces. ¿Tienen mucha actitud sobre el escenario? Tampoco, la verdad. Incluso pueden llegar a ser un poco estáticas por momentos. ¿Entonces qué es lo que tienen para conectar de esa manera con el público y poner a todo el que estaba delante del escenario a dar botes? Pues no lo sé, porque sus canciones, que aunque la verdad tienen su gracia y suenan muy a ellas, tampoco son un derroche de energía que te obligue a moverte irremediablemente.

Hay algo difícil de entender y de explicar que ha hecho que se ganen el favor de cada vez más y más jóvenes. Los medios, que como aves rapaces vislumbramos la presa rápidamente, les hacemos caso al ver el revuelo que forman y así la bola de nieve se hace cada vez más grande. Muchos promotores, que ponen en la balanza el interes económico del show frente a la calidad objetiva, también lo tienen bastante claro a la hora de contratar a estos grupos “fenómeno“. Y los fans están encantados de tener una nueva referencia a la que seguir. Así que de esta manera ya tenemos la ecuación resuelta.

El concierto sonó verdaderamente mal, pero ellas estaban disfrutando. Disfrutando de verdad de lo que han conseguido, de hasta dónde han llegado. Disfrutando de una experiencia que muchas niñas monas que estában entre el público quisieran vivir. El “caso Hinds”, como muchos otros que ha habido y que habrá, es esa especie de sueño americano desconcertante que te lleva a vivir experiencias que nunca podrías vivir si no eres valiente y te atreves a dar el paso.

 
Un sueño, eso sí, sólo accesible a los que caen en gracia. Porque aquí no vale trabajar mucho, esforzarse o sacrificarse… No nos engañemos, aquí parece que no hay mucho de eso. Ellas están donde están porque son un grupo con un rollo muy fácil de vender. Cuatro chicas, con un encanto entre lo infantil y lo gamberro, que hacen un rock simple y accesible, que salen fumando y bebiendo litronas en sus vídeos y que siempre transmiten una naturalidad que intimida. Que dicen tonterías entre canción y canción en sus directos, pero que en ellas no suenan a tonterías y que en este aspecto dejarían en ridículo a muchos músicos más experimentados afectados por el virus de “la pose”.

Una sensación muy extraña la de haber asistido a una actuación realmente pobre en lo musical, saber que forman parte y se nutren de la esfera más cuestionable de la industria y sin embargo no poder realmente achacarles nada a ellas. Simplemente decirles que se lo pasen bien en el camino, lo más que puedan.

 

 

Texto: Arturo Jímenez Calvo   /   Imágenes: Mohamed El-Jaouhari