Recuerdo la primera vez que fuí a una de las Jams que se organizaban en El Local de Tres Peces. Fuí invitado por un amigo, que era una de las maneras más habituales de poder acceder a esas reuniones humeantes de músicos y conocidos donde se respiraba, aparte de humo, un ambiente de camaradería que me llamó la atención desde el primer momento.

Te podías mover líbremente por ese peculiar espacio, ver la actuación en el sótano, sentarte a escuchar o contar futuros proyectos en la parte de arriba y casi dejarte la cabeza en la escalera que conectaba los dos ambientes. Los músicos subían y bajaban del escenario de una manera anárquicamente ordenada mientras el público iba rotando de ubicación dependiendo del estado de ánimo, las ganas de beber o las posibilidades de flirteo que se presentaran.

Musicalmente solía haber poca tregua, pues una de las características distintivas de lo que sonaba allí (de eso me he dado cuenta con el tiempo) era la naturaleza imprevisible del desarrollo de las canciones. Fácilmente empezaban con un standard de jazz y acaban a ritmo de drum´n´bass con punteos entre el heavy y la música de videojuegos sobrevolando la base. Solía suceder algo por el estilo habitualmente.

Ahora los principales artífices de esas divertidas fiestas se han vuelto a juntar, aunque realmente nunca han estado muy separados, y ofrecen durante todo el mes de Octubre un remake de aquellas citas, las Jam Obsessions, cambiando los Martes por los Jueves, un día a priorí con más público potencial.

Todo apunta a que habrá un espíritu más sosegado y responsable, pero los tiempos cambian y las personas crecen. Así que nada que achacar de momento. Seguramente habría algo de nostalgia en casi todos los presentes de la Jam que abrió este conjunto de fechas el pasado jueves en el Café Berlín. Una sensación como la que deben de tener los que se vuelven a ver a través de una quedada de facebook con los antiguos compañeros del colegio. Sólo que aquí no ha pasado tanto tiempo y seguramente haya muchas más ganas de reunirse.

Unas cuantas miradas alrededor. Pensamientos fugaces que rellenan la espera. Se bajan las luces, con los anfitriones colocados en su lugar. Y, de repente, las notas musicales y los golpes rítmicos hicieron que se desvaneciera cualquier atisbo de añoranza de aquel pequeño espacio donde muchos nos vimos por primera vez y volvimos, mecidos por los compases introductorios del primer tema, a transportarnos como a través de un agujero de gusano al mismo presente.

La música tiene ese poder. El de abstraerte y colocarte en el lugar en el que realmente estás, aunque pueda parecer un concepto contradictorio. Y precisamente las jams sessions, por su mecanismo de inmediatez, son de las cosas en este mundo que más te pueden atrapar en ese sentido. O liberar, según se mire. Se llega a crear una comunión especial entre los músicos fijos y los invitados. Una comunión entre todos ellos y el público.

Una comunión entre todos los que conforman ese público, que sin saber lo que va a pasar, conectan cuando perciben lo que está pasando, de una manera fugaz e íntima, como cuando unos amigos contemplan una escena cotidiana y la interpretan de la misma manera sin necesidad de comunicárselo con palabras. Esto, a varios niveles, es lo que sucedió aquella noche. Con el pretexto de un toque loco de batería, un coro encajado con delicada elegancia, un arpegio hipnotizante de teclado o la irrupción sorpresa de un clarinete eléctrónico.

Séa como séa, si estás predispuesto a poderlas disfrutar, pueden ser una de las experiencias que más huella te dejen en la memoria. Esa memoria a la que acudes cuando te apetece rememorar una época. Como la época que se vivió en aquel local de la calle Tres Peces. Como la época que en unos años recordarán los que acudan al Café Berlín por primera vez a ver a estos imaginativos músicos y sus compinches jugueteando con sus habilidades y aspiraciones musicales. Como la época que marcaron y marcarán las demás jams que inundan las noches bohemias de Madrid.

Asi que si os apetece, vivid ahora el presente para tener un buen pasado. Vivid la vida. Vivid la Jam.

 

 

Texto: Arturo Jiménez Calvo   /   Imágenes: Mohamed El-Jaouhari

 

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