Nada de lo que vas a escuchar al final de estas lineas se quedará resonando en tus oídos. Nada, absolutamente ninguna melodía se repetirá inconscientemente en tu cabeza al final de cada canción. Lo más probable, es que tampoco te entren ganas de bailar, romper floreros o mearte encima de tus putos problemas. Y lo más importante, sobre todo, es que seguramente ninguna de estas palabras a continuación merecerán sentido alguno para saciar tu insatisfecha existencia.

Joe Crepúsculo, sin duda el artista pop más en forma de este país, se resiste a la abstinencia creativa y nos deja un nuevo, complejo y extrovertido trabajo titulado “Disco Duro”.

Pop lisérgico de pantuflas, bata, ruleros y Mac. Electrónica de huevos fritos con chistorra. Música de Wong Kar-wai y Berlanga. De lo mejor de los ´80 y lo más bizarro de la fiesta de casamiento de tu primo pasada ya la madrugada. Melodías de barrocos karaokes de carretera y oscuros antros urbanos. En síntesis, Música Para Adultos que ni tu ni yo jamás podremos comprender.


Dentro de “Disco Duro” encontramos doce temas que viajan alrededor de la tierra prometida de un compositor atento a la necesidades de su tiempo al igual que a la suela de tus zapatos. Doce temas versátiles e inquietos que tal vez no sirvan para sacarte de tu letargo cotidiano, pero si, ojalá, para que apagues el móvil y te pongas a bailar en el salón de tu casa, en el vagón del metro o con tus amigos en algún reducto cualquiera (con posterior selfie explicando la situación “tan loca”, por supuesto).

Un trabajo, por momentos, más apaciguado de lo acostumbrado pero igual de contundente e incendiario. Un paso más en producción y corroborando, una vez más, su agudo y punzante verbo que encaja a la perfección dentro del ideario popular. Prácticamente casi a la par con el glosario de un tertuliano medio y la desfachatez de un adicto al tinder. Bueno, o no tanto.

Joe Crepúsculo nos regala con este albúm un ejercicio de auténtico arte popular. Cuando, eso sí, lo popular deja de ser lo dictado por el sistema y se convierte en la materia misma de lo cotidiano y universal de una sociedad.

 

Texto: Iván lionel

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