Existe eso que llaman el contrato social y que en la práctica es básicamente un acuerdo que damos todos por bueno y que evita que yo le reviente la cabeza a mi vecino con un adoquín. A pesar de que algunos días las ganas rugan por dentro, no lo hago. Y él, pues tampoco. Pero a veces aparecen algunos resquicios, ranuras o islotes, donde ese mundo se puede intuir, se puede no tener miedo a perder un poco la cabeza, a hacer de lo visceral una bandera y coquetear con el morbo.

Kitai es un islote. Quizás por la performance del cantante cuando actúa, quizás por cómo se desarrollan los conciertos, quizás sólo por estética, por un riff o por el contenido de los videoclips, pero guarda un punto de perder la cuerda. Y la banda madrileña lo ha vuelto a demostrar con ‘Pirómanos’, su segundo larga duración.

A pesar de que el disco se encuentra más cerca del principio de su trayectoria que del final, ya guarda una esencia como de maduración. “En este disco hemos pensado por primera vez en el concepto de disco como tal, es decir, llevar al estudio las maquetas y trabajar sobre las canciones para aportarle el barniz final”, comenta Fabio, el bajista. “Antes esto no lo hacíamos, intentábamos trasladar estrictamente el directo al disco y ahí lo dejábamos todo como lo habíamos traído del local de ensayo”.

Sin embargo, ese trasvase no hace que la pasión vaya por otros derroteros en ‘Pirómanos’. Siguen ahí las letras enigmáticas que tienen algo detrás, aunque uno no sabe qué es. Sigue esa sensación de que el inicio de cada canción es extremadamente inflamable. Y siguen ellos, que prenden la mecha por vicio, por placer.

Nuestros conciertos definen bastante bien el título del álbum, porque somos unos pirómanos y el fuego es lo que se puede ver encima del escenario cuando estamos en él”, dice Fabio. “¿Qué fuego? Pues el de cuatro tíos que nos dejamos las pilas porque Kitai es nuestra vida”, añade.

Sin embargo, hay que reconocer que perderán a alguno de sus seguidores del principio. ‘Pirómanos’ es un disco más fácil de escuchar. No pasa nada, no es malo, la última vez que hubo que ser un intelectual para escuchar música los negros no habían empezado a cantar en los campos de algodón norteamericanos.

Un ejemplo claro de esto es la canción H2O, que primero apareció en el EP ‘Origen’, de 2013 y ahora reaparece en ‘Pirómanos’. “Estuvimos trabajando en nuevos arreglos, cambiando la intro, el compás del estribillo que antes era un siete y medio por ocho y ahora es un cuatro por cuatro al uso”, dice Fabio y reconoce que es más fácil a la escucha, pero no se acompleja, “es un poco como la puesta de largo del tema”. “No vemos la palabra comercial como una palabra despectiva, aunque tampoco ha sido el propósito”, añade.

Pero muchos detractores no parece costar. A pesar de la corta trayectoria del grupo lo cierto es que ha caído en gracia al público. Muestra de ello es la escalada de escenarios sobre los que actúan. Cada vez son algo más grandes, y este viernes actúan en la Joy Eslava. “La verdad es que hace cinco años, cuando empezó todo esto, no nos imaginábamos ni llenar una Siroco, ahora estamos que nos subimos por las paredes”, comenta Fabio. Y ahí no hay fórmulas. “Siempre nos gusta sacar eso que decía Lorca sobre el duende. Puede que seas muy talentoso con el instrumento y que seas el mejor del mundo tocándolo. Pero, al final, llegas o no llegas, y ya está”.

Texto: Diego Rodriguez Veiga (@diegoricks)