La céntrica sala madrileña estaba a rebosar de un público en el que los productores, artistas y promotores sumaban al menos el 40% del total de bocas abiertas y cabezas flotantes que deambulaban por la sala preguntándose si las consumiciones llevaban algún tipo de opiáceo.

Un escenario, cuatro músicos, un portal interdimensional sobre el público. Sería necesaria la visualización y estudio de programas y teorías de genios como Stephen Hawking para definir en tres párrafos lo que se vivió en El Sol durante el concierto de presentación del EP de KITAI, “Viral“, el pasado miércoles. Temas que parecían compuestos pensando esencialmente en las líneas de bajo, llevados de forma en la que las cuatro cuerdas pasan a ser la guitarra rítmica, y la guitarra pasa a ser el perfecto arreglo que pide cada canción en momentos específicos.

 

 

La percusión llevada durante la mayor parte del tiempo a base de timbales gruesos apaleados entre malabares y fills con cencerro que terminaban de completar la perfección atmosférica que Alex, el frontman, dirigía. Su voz, jugando constantemente con delays y efectos controlados por la pedalera que reposaba junto a un inquieto pie de micro (pedalera, que fue lo único que consiguió permanecer pegado al suelo durante todo el espectáculo). El público no solo tocó el cielo con el grupo, sino que fue más allá.

Las canciones de KITAI han sido compuestas para jugar con los sentidos, llevándonos del nirvana al caos en cuestión de minutos.

Ciertos temas tenían un contenido de carácter más abierto al público general. Otros, en cambio, eran puro metal, hasta tal punto que la voz podía recordar a las melodías menos agudas de Rob Halford, fusionado con una presencia tomada directamente de la copa de Ian Curtis. La sincronía y puesta en escena es sin duda uno de los puntos fuertes del grupo, que desde que se comenzó a coronar en los concursos de bandas madrileños, no ha cesado a la hora de dejar atónito a todo aquel que se atreva a sentir sus líneas en directo.

 

 

 


 

Texto:  Rubén Armisen       /     Imagen: Roberto De Baltasar