En las canciones de Espiral encontramos un mundo lleno de fuerza y de vigor, donde la vida estira la voluntad del ser y navega dentro de un mar de libre albedrío y ansias de descubrimientos. Marcados por un andar suave y acompasado. Por un vagar nunca en vano, un vagar no de perdida sino de inquietud. 

 

Expectantes del destino caminamos junto a nuestras ilusiones esperando que alguna vez los sueños nos alcen con un dedo y nos eleven al cielo de nuestros anhelos. Meneamos las neuranos de un lado a otro buscando lo original y auténtico, perdiéndonos en la prisa que captura nuestra intuición y gasta nuestra energía. Modificando nuestra verdad por un impulso sin acción, por una acción que surge sin pensamiento.

Bajo estos rápidos y poco reposados tiempos, La Jose, contraria a cualquier ligereza en el pensamiento y apostando por esa constante búsqueda personal que marca la diferencia entre riqueza artística y ambición, ha logrado reunir en estos duros tiempos para la música a un gran y numeroso elenco de artistas para presentar su disco “Espiral“, editado el año pasado. Y como “Espiral” es, ante todo libertad, no se podían quedar las canciones atadas a nuestros reproductores, sino que debían de salir, a banda completa, a probar la luz de las salas, a seducir oídos ajenos y a transmitir la honesta esencia del disco en vivo y en directo.

En medio de una noche electoral donde un nuevo rumbo político marcaba los titulares de los periódicos y la sonrisa de la gran mayoría de la gente, asistimos a dicha presentación. Ya conocíamos la capacidad artística de La Jose luego haber grabado junto a Mario Boville el single de Buscando el Norte”, y el pasado domingo hemos conocido el empuje y temperamento que tiene La Jose en un directo, achicando el ancho y gran escenario de la Galileo Galilei.

Once músicos que dieron color a las canciones que conforman “Espiral”, un canto hondo y profundo a la libertad. Una fusión de ritmos latinos y flamencos que dan rienda a un show sincero, transparente y cargado de emociones. Mientras la banda desplegaba su factoría sonora, Monica Sade le imprimía movimiento en su danza y la pintora Ethel Cebrian, a centímetros del escenario, daba forma y textura a la noche.

Victor Iniesta a la guitarra, Juan Carlos Aracil en la flauta, Iván Mellen en la percusión y Jesús Mañeru a la batería, formaban la base estructural de la banda que viajaba a todo galope por las costas mediterráneas y cadenciosas tierras afro-americanas; brindándonos ricos paisajes sonoros, áridos a la vez que apasionantes en armonías. Sumando a la presencia del hansa Veena (una especie de Sitar más pequeño) y luego la de un violín, resplandecía la unidad grupal y la magia de un mundo cercano, noble y acogedor. Un mundo que muchas veces nos encuentra alejados bajo el ocaso circunstancial de la estupidez humana.

Es así como hemos podido apreciar una música llena de sentimiento y fuerza, que despliega el carácter auténtico de la búsqueda y traza, con marcadas ilusiones, la necesidad de abarcar para juntarnos. Resaltando la diferencia siempre dentro de la unidad, la esencia de ser en el conjunto: Esa incontrolable fuerza dentro de la fantasía de la fusión.

Esperamos así que siga la música de La Jose navegando por todos aquellos sitios que allí la reclaman; dentro y fuera de los reproductores, pero mucho más aún, dentro de la esencia honesta e integradora de Espiral, que en sus infinitas vueltas despliega la mezcla natural y la genuina llama del entendimiento.

 

 

Texto: Iván_lionel   /  Imagen: Mohamed El-Jaouhari

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