Madrid, viernes 21:30. Primera birra de la noche. Luca Frasca puntual para presentar su última producción en solitario: El Hombre Burbuja.

Hacia 1948, Enrique Santos Discépolo cantaba: “Cómo olvidarte en esta queja, cafetín de Buenos Aires. Si sos lo único en la vida que se pareció a mi vieja… En tu mezcla milagrosa, de sabihondos y suicidas, yo aprendí filosofía. Dados. Timba. Y la poesía cruel de no pensar más en mí”. Y hoy, en 2017, aún llegan esos aires buenos a Madrid. Esos mismos que se hicieron presentes en el Café Berlín, que más bien parecía: un Cafetín de Buenos Aires.

A pesar del cambio de ubicación (no tan lejano en el tiempo), y modernización, de este templo de la música en directo en la capital, el Café Berlín sigue guardando ese gustillo y ese barniz de cueva. De intimidad, de cercanía. Y ayer no fue una excepción. Claro, no se esperaba menos de artistas con el nivel de creatividad y de esencia lúdica como los que ayer dieron función. Luca Frasca estuvo acompañado por Nico Nieto (guitarra), Fernando Lupano (bajo), Marina Sorín (cello), Nacho Mastretta (clarinete), Coke Santos (batería), y por el multi instrumentista y artista en toda regla, Hernán Olalla.

¿Y tú qué tienes? fue el tema de apertura. Como bien dice la letra, “Dame un poco más… un poquitito más”, se iba abriendo el apetito para eso: más, más y más. Apenas llegaban las brisas bonaerenses (algunas que recordaban Palermo en los ’90). Siguió Placard (cuarta pieza del álbum). “… Todo lo que me dijiste y todo lo que yo te dije quedó guardado en el placard”, tema cadencioso con tintes de waltz, desgarradoramente sensible a más no poder, sólo servía la mesa a lo que estaba por venir. La crónica sonora continuó bajo una hipnosis que jugaba con dos planes distintos, uno madrileño y otro bonaerense.

Todo el mundo dice “I Love You” (de peculiar vídeoclip), siguió calentando el escenario cual volcán previo a hacer erupción. Pieza coqueta, cadenciosa, introspectiva, pero con fuerza. Con salpicones tangueros, arrabaleros, y de innegable complejidad en su arquitectura armónica y sonora. Olalla ambientando, creando, y dejando claro que esa simbiosis musical entre Luca Frasca y él es mucho más que una coincidencia.

De pronto, todos fuera del escenario. Menos el batería. Turno para Chica Electofónica. Este tema, con algo de la herencia de Prince o con un puntito funk, nos recuerda por qué quienes hacen música a partir del piano pueden hacer lo que les dé la gana. Rock, jazz, blues, funk o lo que quieran. El piano es el rey. Como el de media cola que tocó el señor Frasca durante toda la noche. Una delicia.

Como toda historia, ésta también tuvo un clímax. Cielo verde. Y lo fue porque el orgasmo sólo es el principio del deseo, y no el cumplimiento del mismo. Sigue el piano. Y Marina Sorín cosquilleando el alma con su cello. “… sólo suspiros de la soledad, saben tu nombre, y danzan al mar”. La música es una crónica multidimensional. Porque juega con imágenes, y planos. Sonoros y visuales (al cerrar los ojos).

Las manos de Luca Frasca, en el piano, dicen mucho más que cientos de versos y metáforas. Hacia el final del tema llegó un regalo. La catarsis en el cierre de Cielo Verde. Para muchos, la versión del álbum, es sólo una probadita de todo lo que esa avalancha de emociones puede desarrollar. Y ayer en el Cafetín de Madrid se cumplió con una improvisación catártica, cuando Nico Nieto (con su Telecaster vintage y un ampli Bassman) dejó claro quién es y de dónde viene.

Después de la tormenta viene la calma (no siempre, porque hay tormentas que duran la vida entera). Turno para Sin tu amor. Salpicones tangueros, melodía, crónica, narrativa sonora, poesía lúdica y la magia de Hernán Olalla en el escenario. Porque esto también es música, el juego, la vida, la interacción, el amor y la falta de él. El público no sólo es receptor, sino también (en ocasiones) integrante, y eso es lo que encanta a muchos visitantes del Café Berlín: la capacidad y facilidad con la que los artistas rompen la barrera entre escenario y público. Danza, palmas y buen rollo generalizado. También con aires de San Telmo.

Cristina Rota dijo alguna vez que el arte debería ser lúdico también. No sólo admirado como una deidad lejana. Frasca y compañía seguro están de acuerdo. My Long A no dejó lugar a dudas. Esta pieza cachonda, estimulante y vibrante, puso de pie a los asistentes y dejó que continuara el ‘buenrollismo’.

Ella se fue y nunca más volvió”. Así culminó este recital en Madrid. Luca Frasca y El Hombre Burbuja oficialmente presentados en la capital. Con músicas de dentro, de otras que vienen del mar. Esperemos que esta última producción discográfica tenga un recorrido prolijo en los escenarios madrileños, y que toda la magia que llevan por dentro sus músicos se siga expresando tan natural y tan lúdicamente por el bien de seguir disfrutando de la música de calidad en directo.

Texto: Mauricio Hernández Cervantes


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