Un trío que encanta cuando la potencia grupal se enciende, cuando las razones de su existencia se deben al rock más desprolijo y agresivo. Cuando el stoner y el garage toman la iniciativa y el entendimiento de los integrantes parece ser un perfecto círculo donde fluye de manera constante todo un torrencial de energía y adrenalina musical.

Una corbata roja al fondo del escenario, dos guitarras que reposan mansamente sobre las negras paredes de ladrillo, tres músicos que encajan proporcionalmente en el cuadrado escenario de la Wurlitzer. Un ramo de flores que descansa sobre la batería, dos púas que se enredan en las cuerdas de un bajo, tres acordes para empezar un concierto con un tema cargado de potencia y valentía. Mood, oriunda banda de Barcelona con marcadas raíces británicas y miembros de diferentes partes de Europa, ofreció un directo bien rockero el pasado miércoles en la madrileña sala Wurlitzer; de pantalones ajustados, zapatillas de tela, estribillos pegadizos y duros acordes.

Cuando, en vez de olvidarse que un público heterogéneo los puede llegar a estar mirando, nos alejan de aquellas canciones de delicados párrafos de un edulcorado pop. Así, como al inicio del concierto, la última parte vuelve a cerrarse con un ritmo demoledor. Con un bajo tomando por momentos el relevo de la melodía, secuestrando a las caderas hasta la pista de baile. Con una guitarra que raspa la garganta y una batería que hace de perfecta columna donde el ritmo no solo se apoya en ella, sino que nace, crece, se desarrolla y muere en su contorno, como una especie de fidelidad materno-filial.

Mood (pronúnciese “muz”), tras su paso por Latinoamérica y luego de una ruta europea, nos presentó su último trabajo “Electric Overdose” en una poca concurrida sala Wurlitzer. Haciéndonos un recorrido salvaje y muy bailable por algunos puntos fuertes del rock alternativo inglés, abarcando y mezclando diversos géneros dentro del mismo: britpop, indie, manchester, post punk… Recordándonos, una vez más, que en la mezcla se halla la verdadera pureza. Pero también la necesidad, en un mundo tan extenso y diverso como el de hoy, de ser más auténticos y originales que nunca.

 

 

 

 

 

 

Texto:   Iván lionel     /    Fotos:   Roberto de Baltasar