Descubrimos en la lejanía la presencia de lo no perecedero, testigos de un tiempo que juega a embarrarnos entre el sudor y cristales rotos. Pablo Und Destruktion, en un tiempo donde el propio “símbolo” forma una parte casi principal de una cotidiana premisa e inquisición social, simboliza un vitalismo oscuro y profano a la vez que una pura necesidad de crear siendo y destruir buscando ser.

Después de que la banda de punk Biznaga calentará el escenario, no tanto así a una sala calma y a medio llenar, subían al mismo los seis integrantes de Pablo Und Destruktion. Previamente, eso si, a que una gruesa cortina negra tapase el fondo del escenario donde minutos antes en un gran rotulo brillaba la marca patrocinadora del evento.

Camisa blanca, americana ceñida, afeitado al ras, patillas largas y zapatos de punta, Pablo García (el señor Destruktion), voz, guitarra y carismático orador, recorría el escenario de punta a punta saludando fraternal, casi paternalmente, a cada uno de sus músicos. Un día antes me encuentro con él para charlar un rato en una de esas terrazas de Malasaña donde un doble de cerveza es poco más que una caña pero que cuesta como tres.

Creo que la figura del rock star hoy en día esta muerta, muerta para el músico de rock, quiero decir. Hoy día Cristiano Ronaldo es la figura que encarna al rock star de toda la vida”.  Me cuenta Pablo al hablar sobre lo complicado que parecen algunas de la más sencillas cosas dentro del mundo del rock y del underground. Donde el carisma se pierde con la desfachatez y lo fácil que es sentirte estrella con unos cuantos “likes“.

Lo cierto es que rock star, poeta maldito, rockero de culto, “Nick Cave español” o todas esas etiquetas que nos sirven para acotar el trabajo periodístico, el músico asturiano ejerce con su público una verdadera atracción física, pseudo espiritual, que lo convierte, ya metidos en su directo, en una especie de orador mágico. Ejerciendo un magnetismo total bajo la estoica y expectante concurrencia. Cual feligreses en un templo.

“A mi el símbolo me interesa y lo trabajo mucho, pero solo como una especie de mecanismo para desplazar al público de un estado neutro. Que sea un medio para y no un fin de. Una vez que bajo del escenario me gusta perderme, ser uno más. Que saquen fotos a las vacas en medio de un monte”

Su lenguaje, junto a su estudiada locuacidad, penetra como un fino rayo de luz solar en la oscuridad de sus canciones de acordes pausados y de cero alarde de virtuosismo individual. Casi como otorgando un valor especial al conjunto, sumiendo al grupo en la tarea de ingenieros de atmósferas y creadores de emociones, relegando así las individualidades, menos la suya, claro. Imán visual y sensitivo de todo el espectáculo, deslumbrado en pequeños momentos solamente por los tormentos de la violinista.

 

“Al final lo importante y la clave, creo, es crear comunidad, tender puentes”, reincide en ese concepto varias veces a lo largo de la entrevista. “Vivimos en un estado de violencia y sumisión constante por lo establecido. Y apoyarnos entre nosotros, tu circulo que te rodea, es el único camino que veo. Somos esclavos liberados gracias a la autogestión”. Esa misma que le permite crear y trabajar en esa propia red, La Secta, “colectivo artístico y psíquico que saca discos y demonios a sus integrantes”.

De tanto galopar…

Su búsqueda contante y su disposición de romper y desvincularse en cada momento con el personaje, lo haya siempre en pleno galope de un lado a otro, casi sin tiempo de parar por casa. “Salí en enero de este año y recién he podido volver a finales de marzo. Trabajo 14 o 16 horas diarias, por cierto, uno de los grandes defectos de la izquierda en este país, olvidarse del trabajo y de los trabajadores”. Así es, en otras palabras, que nos hemos creído lo que no somos y perdido en lo que nos gustaría ser.

Pero esa incansable búsqueda tiene dos puntos de mira finales, “mi meta final es la pureza. Mi pureza. Que no tiene por que ser la tuya, pero todas son igual de válidas. Es la búsqueda de la pureza la que nos diferencia en cada momento.” Ese no parar que busca tanto canalizar todas las inquietudes artísticas como el propio hecho de no poder parar. “Parar es igual a caerse al vacío”. Resume Pablo.

Así es como de a poco el artista va dejando caer capas del personaje hasta casi parecer persona; cercano, simple y llano carnal con el que compartes una caña. Y es que hoy día, Pablo Und Destruktion esta en la boca de mucha gente. Desde una medíatica demanda a una multinacional que parece estar llegando a un fin justo para los derechos intelectuales de los artistas de este país, hasta llegar a un público tan variado y plural que lo ensalza y alaba sin dilación; indies, intelectuales de plazas y oficinas, punkies y nenes bien.

Perteneciente a esa horneada de artistas transgresores (al menos en discurso, fondo y forma), codiciados tanto por importantes marcas promotoras como distinguidos festivales mainstream “alternativos”, pero que a su vez, te los puedes encontrar tocando en un centro social sindical, con dos altovoces y un monitor (con suerte). Esa oleada de artistas que crecieron en los 90´, que consiguen transgredir, cruzan fronteras poco exploradas o casi prohibidas, infrigen lo dado y establecido, pero que parecen no molestar. Todo lo contrario. Así como la derecha robó diversos símbolos populares apropiándoselos, parece que el mainstream roba cierta transgresión artística que necesita para ser partícipes de toda la “vaina” y hacernos sentir rebeldes.

Aquí, es a su vez, donde radica el quid de la cuestión: El temor al prejuicio. La censura y auto-censura. “Vivimos en un estado de falta de libertades acojonante. Hay una censura extrema en cualquier parte y ámbito de la vida. Principalmente desde el propio Estado pero también dentro de la gente misma que te rodea. Y de eso los artistas del underground no nos quedamos fuera y tenemos mucho por hacer. Yo mismo me auto-censuro y es dentro de la propia izquierda donde esa auto-censura se hace más y más latente…”

“…¡Superdotados o autistas! Les entretenemos, les enseñamos inglés, y jugamos con ellos también…Somos nada, somos nada, sólo somos sus putas, ¡Solo! ¡Somos! ¡Sus putas!.”

 

Texto e imágenes: Iván lionel