En UK la infeción grime vuelve a latir. Si entre 2002 y 2005 el estallido tenía forma de hermano bastardo del hip-hop americano, acento africano y caribeño, y conciencia de vivienda social, su revisión contemporánea enarbola un back to the roots hacia sonidos ásperos y marginales, mascullados en años de depresión económica y reactivación de discursos racistas.

En paralelo a este resurgir underground, una generación de artistas femeninas están dando forma a una toma de conciencia de género en una escena eminentemente comandada por hombres. Artistas como Paigey Cakey, Little Smiz o IAMDDB encabezan una lista de mujeres sentando las bases del un UK-rap cargado de actitud y con producciones llenas de bajos lentos y arrastrados.

Con esta carta de presentación, el concierto de Paigey Cakey en Madrid, organizado por Incalling & Southside LTD, el primero de una minigira que también la llevó a Barcelona y a Sevilla, tenía las de ganar. Una sesión de Ego FUM, cabalgando entre repeticiones oscuras y fogonazos trap para calentar, que nos dejó con ganas de más. Sonido impecable, denso.

Paigey Cakey - Sala Ballesta, noviembre, 2017. (Xaime Fandiño)

Paigey Cakey – Sala Ballesta, noviembre, 2017. (Xaime Fandiño)

Manejo de los tempos. Una gran sorpresa el artista madrileño.

Y acto seguido, Cakey saltó al escenario demostrando actitud. Rimas con acento de barrio, reivindicaciones feministas, letras atropelladas entre la reflexión generacional y el desafío, y un flow espídico y contagioso. Algunos momentos más introspectivos en canciones como I dont need a boyfriend, que busca ser un alegato feminista. Y una curiosa selección de temas ajenos que la inglesa le pedía al dj y rapeaba por encima.

El concierto podría haber sido memorable, con una sala entregada y una Cakey que se ganó al público con sus comentarios, si no fuera porque el sonido no acabó de acomodarse en ningún momento. Un micro sobredimensionado y unas bases muy por debajo de donde deberían haber sonado. Hubo varios intentos de mejorar la mezcla, pero ni el dj ni los técnicos de la sala supieron afinar.

Imágenes y texto: Xaime Fandiño

 

 

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