Leãozinho, proyecto cultural que trabaja por enseñar a tocar la guitarra a los niños y adolescentes de la favela Parada de Lucas en Río de Janeiro. Para recaudar dinero en nombre de tan bonito proyecto nos congregamos el sábado pasado en la Moby Dick Club.

¡Levad anclas! ¡Soltad amarras! ¡Izad las velas! Allá vamos… allá, a enfrentarnos con las tormentas; allá, a conquistar el mar; allá, dónde usaremos las redes para atrapar aquello que siempre se nos escapa: la solidaridad.

Alguien alguna vez gritó al viento aquello de music makes the world go round para recordar la fuerza que tiene la música. Fuerza que hasta hace poco servía para “salvarse” a uno mismo, pero que eventualmente, no sabemos si por la situación de crisis por la que nos vemos rodeado o por qué, se está demostrando que la música también sirve para salvar a otros.

La noche la abrió el grupo Aloha Carmouna, liderado por Ángel Carmona, presentador de Hoy empieza todo en Radio3 y que además es uno de las caras visibles del proyecto Leãozinho. Su música, un rock plagado de cambios de ritmo, mantenía al público atento y excitado mientras del escenario agradecían continuamente la participación. También hubo ciertos homenajes, que se encarnaron en la canción Cinnamon Girl de Neil Young y en unas bonitas palabras dedicadas a Juan Claudio Cifuentes, Cifu, el gran difusor del jazz cuya pérdida llorábamos hace tan solo unos días.

Pero no existe una mejor forma de celebrar lo triste que bailando. Y así apareció Layabouts y subió la energía. ¿Qué cabe esperar de un cantante que toca el bajo como haciéndolo chillar? Layabouts, con letras en inglés y un estilo sucio, pero hermoso, que encuentra su lugar entre el garage, grunge, punk… es decir, rock; el pogo se empezó a notar dentro de nosotros, pero se contenía. Hasta que llegó un momento en el que no se pudo más; el cantante, invocando al cañón del rock, partió al público en dos de la misma forma que lo hizo Moisés con el Mar Rojo (Éxodo 14:21). Como se veía venir, en cuanto la canción rompió, rompieron las olas en un choque que hacía que todo se quedara pequeño, hasta el escenario, del que el capitán del grupo huyó para colocar su micrófono encima de la barra del bar y seguir desde ahí arriba, literalmente.

La noche, la solidaridad, el rock… todos se sentían conquistados, y tras la tormenta siempre llega la calma. Aguas algo más tranquilas por las que navegamos con Dinero, que nos trajeron un rock más melódico y suave, con letras enamoradizas que mantenían a nuestras chicas cantando. El publicó se veía más tranquilo, pero en ningún momento abandonaba al grupo. Cantaban, aplaudían, terminaban las frases del cantante, disfrutando ante el despliegue de emociones.

 

Y con las sensaciones a flor de piel se acabó el concierto. Y nos entregamos a la noche. Y nos despedimos, los unos de los otros y los otros de los unos con, como diría Cifu, besos, abrazos, carantoñas y achuchones múltiples.

 

 

Texto: Diego Rodríguez Veiga (@diegoricks)   /    Imágen: Mohamed El-Jaouhari