¿De todo, de qué hay más en este mundo? ¿Algún tipo de insecto como las hormigas? O quizás opiniones, o teléfonos móviles. Libros también hay unos cuantos, aunque cada vez parece más frecuente que algunas personas hayan tenido más teléfonos que libros. ¿Y qué me dices del agua? También abunda, me quiere venir a la cabeza que es uno de los recursos naturales más abundantes. Pero aun en su exceso, hay muchos problemas causados porque mucha gente no tiene acceso a ella, claro, no toda el agua vale. ¿Y en cuanto a los grupos de rock? Hay muchos, puede que compitan en el top con las opiniones y los teléfonos móviles, pero, como el agua, no todos los grupos de rock valen.

La banda madrileña Red Apple, con su último disco Pow Wow vuelve a desmarcarse de lo tópico y trae un aire nuevo al rock que hemos escuchado toda la vida. En el larga duración encontramos canciones que buscan explorar la música más allá de entregar planos cerrados, donde todos los instrumentos tienen la misma importancia. De hecho, hasta el protagonismo tradicional de la voz, se diluye para dar paso a una unidad comunitaria en la que la bajista y el batería, instrumentos habitualmente más olvidados, contribuyen a formar un triángulo equilátero.

Tanto es así, que cuando el silencio se apodera de mis altavoces, no puedo evitar sentir unas irrefrenables ganas de ver en directo el solo de batería de “When all you feel is pain” que dura algún que otro minuto y que recuerda a esa época en la que el rock aún era un espacio de experimentación visceral, fuera de un rock actual que ha aceptado un legado y ya no se ha propuesto ir más allá.

Pow Wow se desenvuelve en un marco de rock duro, pero todo sobre toques pasajeros, y es ahí donde se aprecia el garaje, el blues o incluso el toque psicodélico que recuerda a las últimas etapas de The Beatles. En este cuarto disco del trío madrileño, que viene puesto en bandeja por Nooirax Producciones y Delia Records, se puede apreciar la elegancia a través de la simpleza; sin la necesidad de cubrir de ruido las canciones para intentar transmitir con el estado de ánimo lo que no se sabe transmitir con la música, algo que pasa a menudo, que es completamente legítimo, pero que desde luego se nota.

También, a veces aparece, como una visión, un toque chamánico, que no solo se refleja en la música sino en la portada, y que, debido a que Powwow es una reunión indígena, se puede interpretar como una vuelta a las raíces para re-explotarlas o como una fiesta de la cultura o como las dos cosas a la vez. Así, se intuye la grandiosidad desde el primer acorde entrecortado, hasta la última nota del disco que se funde con el silencio y te tienes que preguntar: ¿Y ahora qué?

Texto: Diego Rodriguez Veiga (@diegoricks)

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