Los tiempos nuevos nos embarcan continuamente en un amplio abanico de estímulos. Mejores o peores, pero siempre un sinfín de estímulos a los que estamos expuestos dejando a la inmediatez y el estrés apoderarse de nosotros. Abres la ventana y no hay descanso, se cuelan los gritos de los niños de los vecinos. Las prisas llenan las calles, las prisas para contestar al teléfono; como si una persona en la distancia fuera siempre más importante que la que tienes delante mirándote a los ojos mientras te habla. Pero la chirríante melodía rompe la conexión y “si llama será por algo”. Mientrás tanto en el metro el próximo tren pasará en 7 minutos, una eternidad. Como en el momento en que te paras a escuchar al silencio y notas como a lo lejos se oyen los coches en la autopista; tenías ese ruido tan interiorizado que ya ni te dabas cuenta de que estaba ahí.

Con todo esto, es normal que de vez en cuando te entren ganas de gritar “¡A la mierda!, yo me bajo”. Pero hay otras veces que el cuerpo no quiere descanso, sino que te pide todo lo contrario; y si buscamos, siempre hay un tren frenético al que subir. Viajando sobre un desquiciado tren se siente así el nuevo y primer disco de la orquesta de los reptiles cachondos, The Horny Reptile Orchestra, Garage Swing.

Hay ciertos tipos de música que por la cantidad de sensaciones que emiten hacen que te cueste asimilar todos los sonidos de primeras y tengas que intentar echarte un poco hacia atrás para poder ver mejor. Así es Garage Swing. Donde ya cuando comienza a sonar el segundo tema, “London Street Cloud”, todo cobra sentido: El tempo se relaja y el saxo tenor te ayuda a entender, ver que todo está bien, para que en cuestión de segundos el ritmo suba nuevamente y resulte que hace rato que llevas viajando en un coche lleno de reptiles, como uno más de ellos, a doscientos y pico por una carretera vacía balanceándote en las curvas.

Y así, lo que antes te daba tantos colores que no sabías qué mirar, se convierte ahora en un espectáculo de formas que bailan delante de ti enajenadamente, y que se transforman desde los rasgos característicos del Jazz a su evolución al Swing. Aparecen también ritmos e instrumentos que evocan al Balkan, y una guitarra Funk para que hacia el final te des cuenta de que igualmente has estado escuchando también una cierta evocación al Afrobeat.

Quizás para consolidar el viaje que se empezó, quizás por el olfato del curioso o quizás simplemente por azar, este sábado 20 de junio carecería de sentido no ir a la sala Lemon a ver cómo se desarrolla sobre un escenario lo que a través del oído se celebra como una fiesta para los sentidos.

Texto: Diego Rodriguez Veiga  (@diegoricks)

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