The limboos provienen de la escuela de los jugosos años 50´, transmitiendo un crudo rock n´roll al mejor estilo Ike Turner, pero alejándose de toda esquizofrenia de pureza y emanación de lo puro y tradicional

 

Sus dedos recorren sudoros el mástil de su guitarra y se estacionan en el tercio inferior del mismo, atomizando sus punteos de notas altas y arrojadizos solos. Una voz ronca y cortante sale directamente de cada vena que resalta en su garganta hasta acabar practicamente besando el micro con su boca. Una voz que, mezcla indómita del crudo empuje de Waits y Ray Charles, engancha al público y lo envuelve en una atmósfera de un incorrupto fraseo y enajenado ritmo.

Lo sigue a su espalda una base rítmica sin demasiado maquillaje ni aderezos y lo suficientemente molona como para que tus caderas mantengan el compás sin cesar. Así, el bajo se esconde en el rincón derecho del escenario, a espaldas del saxo, camuflado cerca de la puerta que lleva a los camerinos. Y que junto a Daniela Kennedy en la bateria (pies descalzos y pelo perfectamente cortado al mejor estilo Spock), ambos parecen dejarse querer como ejes invisibles de la velada.

Un tanto más para acá, sobre el lado derecho del escenario, encontramos a Sergio Alarcón que, sean maracas, guitarra o teclas en mano, ensancha el espectro sonoro de la banda, agitandolo y dándole frescos vientos melódicos. Es el saxo de Dani Niño (tirantes opacos y pajarita roja) que uniforme y lánguido despliega el groove. Ecléctico y subversivo de los graves, descarga con su barítono todo el movimiento y la frescura de un saxo que bien sabe lo que es esto del ritmo

Así se presentaban The Limboos en el escenario de la sala Tempo el pasado Viernes, una Tempo a la que le costo animarse y que nos recuerda cuanto cuesta a veces dejarnos llevar por la música y acercarnos a centímetros del escenario. The limboos provienen de la escuela de los jugosos años 50´, transmitiendo un crudo rock n´roll al mejor estilo Ike Turner,  pero alejándose de toda esquizofrenia de pureza y emanación de lo puro y tradicional. Así, se emancipa de ese viejo rock n´roll para ventilarlo con frescas fragancias con aroma a sonidos afrocaribeños fusionados con la fuerza rítmica proveniente de los sonidos de la África negra. En su directo, donde a diferencia del disco desarrollan y explotan más aún esa crudeza en el sonido, esa fuerza rítmica por momentos adquiere un cariz tan tribal, bien por la voz, bien por la carga energica, que recuerda un símil a Ginferno, aquel volcán sonoro en constante proceso de ebullición.

En sus, a veces, largos solos, es donde más disfrutamos del despliegue escénico del grupo; con una guitarra incendiaria llevando la bandera instrumental. Un rock n´roll tan tribal como sideral. Ardiente, caluroso y elemental en su pura escencia de transmitir su musica.

The Limboos te derrumban de la quietud y te quitan la espina de la inacción, un empuje vital al incandescente fuego del ritmo. Los pies se me hacen agua al pensarlos junto a los (saxos del) Averno, quienes suelen tocar en los eventos de mayor magnitud. La cosa no da para tanto, menos en una sala a medio llenar.

 

Imágen y texto: Iván Lionel