Un disco preciso, contundente y redondo. Con la energía necesaria para hacerte levantar de la silla inmediatamente le das al “play”, y el rigor necesario para encontrar un sonido autentico dentro de lo ya acostumbrado.

Muchas veces la intención misma esconde tras de sí ignorancia, una falta de conocimiento arrastrada por el potente e indomable deseo e ilusión. Otras veces, vemos como es el conocimiento el que arrastra, cual saxo endemoniado en pleno auge bop, a ese mismo deseo. Pero no muchas son las ocasiones donde deseo, intención y conocimiento aúnan fuerzas, agudizan sus potencias y merman así sus debilidades. Cuando esto ocurre, tanto en una obra de arte como en cualquier acto de la vida misma, es donde nos encontramos con esa sensación, mezcla de éxtasis y paz, que nos brinda la perfección. Perfección entendida como un encuentro culmine entre trabajo, talento y belleza. Y hallada justamente en los proyectos/actos menos pretenciosos, germen de toda belleza, sin ningún tipo de aderezo extra que lo convierta en un mero producto descartable.

Fiel ejemplo del párrafo anterior es el caso del último trabajo del madrileño grupo The Sweet Vandals, “Afetr All“. Un disco preciso, contundente y redondo. Con la energía necesaria para hacerte levantar de la silla inmediatamente le das al “play”, y el rigor necesario para encontrar un sonido autentico dentro de lo ya acostumbrado. Un disco que bajo el atento y continuo transitar “souliano”, nos lleva por un recorrido musical a lo largo de la geografía sureña norteamericana.

Escúchamos así a una banda muy compacta, con cada una de sus tuercas acopladas en su justa medida. Con enérgicos arreglos de vientos, arriesgados, creativos y provocadores. Un Hammond que más que acompañar te lleva, una base rítmica pegadiza y una voz sublime, dulce a la vez que potente, nacida única y exclusivamente para cantar rhythm & blues.

Sin duda que este disco sella el pasaporte de la banda madrileña a la sala de los grandes grupos nacionales, tanto por actitud como por intención, fuerza y, sobre todo, un más que trabajado y personal sonido obtenido. Y donde gracias a esa simpleza “alquímica” por convertir lo frecuente en algo bello, sin pretensiones ni ostentaciones que desorienten el camino y esa búsqueda constante por la perfección sonora, son exclusivamente ellos mismos los responsables de su propio éxito, al que vemos crecer en fieles seguidores concierto tras concierto.

Texto: Iván lionel

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