[su_heading size=”20″ margin=”0″] Watch Out, un grupo que lleva tanto tiempo a pie de cañón no pudo elegir un momento mejor para sonar ante todos nosotros. La complicidad que mostraban los integrantes entre sí se convertía en una atmósfera que enganchaba al público y no lo soltaba,[/su_heading]

 

[su_dropcap]¿O[/su_dropcap]s imagináis que el tiempo pudiera ser una línea vertical, deslizarnos sobre ella y retroceder como nos plazca? Todos lo hemos deseado y quizás cuando más queremos jugar con las leyes inquebrantables del tiempo es cuando sentimos la necesidad de hacer o deshacer a imperativo del arrepentimiento. Podríamos disfrutarlo, por ejemplo, para acudir a eventos a los que hace años que llegamos tarde. Yo iría a un concierto de Bob Marley en Etiopía o me pasearía por el barro de Woodstock. Soñar es fácil. El problema es cuando, lejos del sueño, la realidad te arrastra a hechos que pensabas que eran parte del pasado pero que representan un presente ardiente e imposible de evadir.

Fué la portada de la revista Time de hace unas semanas que mostró el carácter retrógrado al que se tiene que enfrentar el ser humano con su propia historia. Más en concreto, los disturbios raciales en ciudades como Baltimore en pleno siglo veintiuno. Acciones como estas, aún desde la lejanía, nos tendrían que invitar de todas maneras a la reflexión. Y pocas maneras mejores existen para la reflexión que la música, y su amplia hsitoria de luchas, dificultades y adversidades. Especialmente la música de negros, y que hoy día gracias a Dios (o a quién sea), podemos disfrutar en una ciudad como Madrid.

Es así como el pasado viernes, Watch Out, ofreció en la Tempo Club un caluroso espectáculo de funk; ese género que nació cuando las cosas no iban bien y que ahora que parecen obligarnos a ir atrás en la cápsula del tiempo, nosotros al menos podemos elegir la forma. Los nueve componentes del grupo llenaron el pequeño escenario para proponernos un cambio: Con lo mal que nos va todo, por qué no empezamos el cambio desde las bases mismas, una especie de constitución de funk,Funkstitution. Titulo este del nuevo trabajo de la banda madrileña con más de dos decadas arriba de los escenarios.

El sonido era puro ritmo. La batería y el Hammond bailaban de la mano mientras los numerosos vientos se atrevían a convertir la noche en una fiesta. De veras, era como viajar en el tiempo. El cantante entonaba canciones que bien podrían haber amenizado alguna colorida reunión en los 70. No había negros en el escenario pero el aura de los Black Panthers nos miraba desde arriba orgullosos de la simbiosis racial.

 

Era imposible no bailar, era imposible no sentir, era imposible no evadirse con los solos de guitarra, del Hammond y de la batería. Era imposible no decir que el pasado tiene un atractivo mayor; era imposible que aquellos que pretenden amargarnos, lo consiguieran. ¿Nos queréis hacer retroceder? Pues nosotros os montaremos los disturbios de antaño, las fiestas de antaño, los colores de antaño, donde el negro predominaba, pero no el negro lúgubre y triste sino el negro de la identidad, el de la música, el del sentimiento puro ante las adversidades.

El ritmo incesante se acompasaba con el latir de nuestros corazones y la energía que desprendía nos hizo que el final, aquel terrible e inevitable final, tuviera un sabor amargo. Por suerte el próximo 15 de mayo podremos encontrarlos en el mismo sitio con la misma fuerza, para que la fiesta siga, porque a pesar de las adversidades, nunca hemos dejado de ser 24 hour party people.

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[su_heading size=”18″ margin=”01″]Conoce más de Watch Out aquí [/su_heading]

 

Texto: Diego Rodríguez Veiga (@diegoricks) /  Imágen: Mohamed El-Jaouhari

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