La justificación por movernos de un lado a otro dentro del espectro musical de la ciudad, y a abarcar diversas aristas del mismo, nos ha llevado el pasado jueves al concierto de Wild Honey a seguir abriendo aún más el gran abanico de estilos que ofrece Madrid, y que desde aquí intentamos transmitir sin saltarnarnos ninguno, o al menos, casi ninguno. 

Muchas veces nuevas y viejas esteticas nos venden sonidos gastados, envueltos en agrias estructuras plastificadas de pura forma y nulo contenido. O nos encontramos directos amansados por la dominación de la serenidad presente, de una serenidad con sabor a aplomo. Esta dominación de la forma por el fondo no tiene un estilo musical en concreto, yendo más allá de lo estrictamente musical y acortándonos en nuestro día a día, hoy más que nunca. Pero es cierto que mucho se relaciona al Pop como un estilo superficial y vacuo, en donde las estructuras son poco moldeables, generando un tipo de música, a priori, puramente “estética“. Por suerte, nunca mejor que la experiencia en carne propia para corroborar o contradecir aquello que por seguro damos sin conocer.

Es verdad que gran parte de culpa radica en muchos de nuestros prejuicios y en otra parte más pequeña la mala suerte de no haber podido coincidir a la hora de cubrir directos, pero lo cierto es que en este espacio al que pretendemos plural, tenemos una gran deuda con la música Pop, a la que mucha difusión no hemos sabido brindar.

Una sala de teatro ejercia de anfitriona, mientras que una cerveza nacional auspiciaba la serie de conciertos en una de las primeras verdaderas noches de verano del año. Acordes sureños comenzaban con el juego musical para presentarnos a los cuatro integrantes de Jysus, banda que abría la noche. El sonido venia de un Estados Unidos profundo, de pasada ya la primera mitad de siglo XX; de viejas autoradios y largas carreteras. Un sonido que viaja desde las guitarras hasta un juego vocal formado desde las voces de Javi (bajo) e Isaac (guitarra); creando una atmósfera coral, muy rítmica y de leves melodías. Un pop-folk que entrega el contenido de su carga a la batería y al guitarra solista, que le imprime un carácter más psicodélico y un temperamento más enérgico. Generando así, en la última parte del concierto, un ambiente puramente country-rock, de gran empuje y volumen.

Luego del concierto de Jysus, con la suavidad del que pide permiso amablemente, se escuchan los primeros trazos de Wild Honey. Guitarra electrica, acústica, teclados, coro, batería y un bajo que repetía escenario son los seis miembros de este grupo con un sonido limpio y muy cuidado; de suave voz y melodías pegadizas que mansas entran al odio. Wild honey es como un tranceunte que camina sobre la agitada ciudad sin dejarse llevar por el frenético ritmo que esta imprime, dentro de una voz (Guillermo Farré) conciliadora y vivaz, y texturas que de a poco entran en el ambiente sonoro uniéndose en una compacta armonía.

En Wild Honey vemos un Pop ecléctico y menos clásico. Por momentos un Psych-pop que se convierte en un espectacular cruce de texturas y notas psicodelicas muy atmosféricas, junto a composiciones audaces con letras reflexivas y muy visuales. 

Presentaban su nuevo Ep, “Medalla de Plata“, con el que fueron mezclando viejos temas de sus dos anteriores Lp´s: “Big Plash” y “Epic Handshakes and a Bear Hug“. Un nuevo trabajo con la particularidad de escuchar por vez primera en la banda el castellano en sus letras, arropando a la música y a la conseguida atmósfera introspectiva y personal que encontramos en “Medalla de Plata“.

La banda toca en el volumen preciso para que las texturas que emigran de cada instrumento se potencien, a la vez que respeten, bajo la atmósfera musical. Comprenetrándose armónicamente dentro del puzzle que marca cada uno de sus temas. Convirtiéndose en delicados nexos conectores que transpira cada canción, con una extraordinaria y certera perspectiva del espacio sonoro. Caminamos así junto a Wild Honey sobre todo el concierto, con unos tímidos bailes de última fila ya de cara al final del mismo. Encontrando en el camino formas compositivas de cristal con una rica delicadeza armónica y un conjunto rodeado de una compleja fantasia y fuerza melódica. Creando un sonido que te persigue en la limpia claridad del atardecer. Un sonido que va tras de ti, pero no a buscarte, sino a tu encuentro.

Descubrimos así en la calurosa noche madrileña, que muchas de las cosas que nos parecen, lo son por pura ignorancia; y que la libertad no la encontraremos disfrutando de nuestros gustos, sino ampliándolos y/o experimentando con nuevos. La misma libertad compositiva que encontramos en Wild honey, y la misma libertad que tiene la musica para salir, como en la noche del jueves, de una bulliciosa sala de concierto a la calma de un teatro. Nos gusta que la música salga, que tome vuelo y se eleve más allá de los propios garitos y de las salas de directos; abriéndose a nuevos espacios sonoros y lugares ajenos habitualmente al sonido de los amplificadores. Más allá de toda estúpida legislación que lo prohíba, esperamos que, cuidando el sonido y la rica atmósfera que solo una sala de teatro genera, iniciativas como estas continúen en el tiempo. Y que bandas independientes consigan poder presentar sus trabajos en cualquier “agujero” sonoro de la ciudad.

 

 

Texto: Iván lionel   /  Imagen: Mohamed El-Jaouhari

* Frecuencia Urbana no es una página de crítica musical, es una plataforma de difusión de música alternativa en Madrid. Si te gusta nuestro trabajo; comparte, síguenos y/o sé parte activa para que medios y grupos independientes puedan seguir existiendo.