Si hoy les preguntaran si la música es ruido, ¿cuál sería su respuesta? ¿Hablarían de su valor emocional, distinguirían por géneros? ¿Dirían que la cultura lo es todo o antepondrían el orden al arte? Pero huyamos de los intelectualismos y centrémonos en las noches: ¿Es un concierto en una sala tan molesto como el tráfico? ¿Alegarían que hay demasiados conciertos en la capital de España?

Antes de responder, imagínense Madrid. Una capital cultural, activa, joven y callejera, que vive, en un gran porcentaje, de la noche y el turismo. Una ciudad donde la música se liberó hace décadas, entre hedonismo estético y ecos punk de marca inglesa, y que ahora ve cómo van desapareciendo sus salas de conciertos más míticas. Imaginen un mercado en decadencia, y por supuesto unos grupos emergentes que no tienen donde tocar, abocados a la frustración de no llegar a su público. Y es que veces no hay que disparar al animal para ponerlo en peligro. Basta con quemar su hábitat.

(trailer del documental “Kids Used to Sing” de Alex Fisherman)

 

¿Sabían que Madrid lleva ya cuatro largos años sin ver abrir salas nuevas en el centro? Concretamente, desde que el pasado 2012 entrara en vigor la ZPAE, normativa cuya finalidad es proteger del ruido la zona de protección acústica especial. Esta normativa nace como salvavidas a un vecindario cansado de tanto ruido, pues Madrid es la segunda ciudad europea con más contaminación acústica, superando en muchos casos los 65 decibelios establecidos como máximo soportable para la salud. Si usted vive en el centro, probablemente esté al tanto. Las asociaciones de vecinos emitieron una queja formal al ayuntamiento,y poco después nacía la ZPAE. Quién imaginaba que la inesperada víctima acabaría siendo la música, y los grupos emergentes de la capital.

El conflicto principal se debe a que las restricciones establecidas afectan a la hostelería manera prácticamente exclusiva. Con la ZPAE, se prohíbe la apertura de nuevos espacios de música en directo en la zona de protección acústica especial de Madrid. ¿Qué significa esto? Que ya no hay nuevas licencias para salas de conciertos en el centro, ni las habrá en el futuro. Sin negociación posible: no hay insonorizaciones, horarios especiales o normativas alternativas que puedan exceptuar la regla. Sólo se contempla la pervivencia de aquellos locales con licencias antiguas, o el intercambio de licencias ya existentes, con todo lo que esto pudiera conllevar. Esta rotunda prohibición unilateral es la que ha levantado al conjunto de empresarios, músicos y jóvenes emprendedores de la noche musical de Madrid. ¿Cuál es el precio del silencio?

Para abordar la problemática desde dentro quedamos con una voz que convive a diario con la ZPAE, y que puede hablarnos por tanto desde la perspectiva de un programador de conciertos. Pero también viene a hablarnos como músico. Y como aficionado, amante de la cultura y como vecino del mismo centro de Madrid: Alejandro Martinez-Esteve. Algunos le conocerán como Alex, (programador de la asociación cultural El Sótano), para otros, es el eléctrico torbellino que arrasa con todo cuando se sube a cantar al escenario como miembro de Kitai. Y está bastante indignado.

“La ZPAE nace de la intención de luchar contra la contaminación acústica. Y esto es perfecto y legítimo, es una muy buena propuesta”, nos cuenta. “Pero no está bien enfocada, porque realmente en Madrid existen muchos puntos que pueden contaminar acústicamente. Entre ellos, sí, salas de conciertos y discotecas. Pero el ránking de contaminación es ridículo en comparación con otras cosas, está como en el noveno o décimo lugar. Está bien considerarlo, pero no de este modo.”

Todo se remonta unos cuatro años atrás: “La ZPAE fue instaurada por Gallardón hace cuatro años. Estoy segurísimo de que el PP está integrado por una serie de personas que sí que apuestan por la cultura, independientemente de la normativa aplicada. Pero ésta en particular dificulta el emprendimiento como negocio en la industria de la música. Por una sencilla razón: impide que jóvenes emprendedores puedan establecer nuevos espacios de música en directo. ¿Quieres emprender con una sala de conciertos? No puedes. ¿Y por qué? Porque está prohibido. La palabra es prohibido. Sólo pueden tener salas aquellos que las hayan abierto antes del 2012”.

Las consecuencias directas son una peligrosa falta de renovación: “Si una sala cierra por circunstancias económicas, puede haber un traslado de licencia (abrir otra sala en el mismo lugar con otro nombre) como ha pasado recientemente con la sala We Rock, que ahora es el nuevo Café Berlín. Pero hay que tener en cuenta que el antiguo Café Berlín ha desaparecido, y ya nos encontramos con un local menos que no va a poder volver a ser una sala de conciertos. Desaparece esa licencia. Parecemos destinados a que, al final acabe habiendo un monopolio de 5 sitios. La competencia es muy sana, y la defienden las propias salas emblemáticas de Madrid. Si no hay un mercado no se puede trabajar.”

 

 

– ¿Cuál es el principal enemigo para afrontar este problema y tratar de solucionarlo?

“El problema es que hay desconocimiento de un problema. A nivel social. Se lo dices a muchísima gente y no tiene ni idea, incluso a los músicos. Creo que sí que hay gente intentando hacer cosas a nivel personal, pero por una vía judicial, de trámites, más política. Cuando realmente creo que la fuerza está en la voz de la gente de la calle. Un problema es un problema cuando la gente es consciente de que lo es.”

“Además, nos encontramos que la vía pública es el espacio principal del problema, pero no es competencia de la sala de conciertos.” Y es verdad. Si pensamos en la noche, uno de los principales focos de ruidos no tiene nada que ver con bajos ni baterías, sino con la aglomeración de público a altas horas de la madrugada. “Una sala no tiene que estar detrás de ningún latero diciendo que deje de vender enfrente de su puerta. No es su competencia, y aún así, lo hacen. Es competencia de la policía, aunque al final da más importancia a la sala que al latero. Aun así creo que lo primordial es regular el ruido.”

La situación se antoja escalofriante. No por un presente donde las licencias se convierten en un bien escaso y deseado, si no por un futuro negro. Y silencioso. Nos acercamos sin saberlo a la realidad londinense, donde durante los últimos años han cerrado hasta el 50% de las salas de música en directo y el 40% de los clubes de noche de Londres.

Pero nada es casual. Esta ley también es constructiva: intenta descentralizar la escena de la música en directo. Una de las motivaciones para la ZPAE es mover una supuesta saturación de conciertos hacia las afueras de Madrid, donde la vida nocturna escasea y los jóvenes no encuentran este tipo de ocio. Jorge García Castaño, actual concejal del distrito centro de Madrid, defiende esta realidad. Para Álex, “es posible y necesario crear una escena alternativa, hacer florecer ecosistemas de música en los alrededores, pero no hay que perder de vista lo que está sucediendo en el centro. Si existiese (que no existe) un caso de saturación, diría: vamos a regularlo. Pero no prohibirlo. Nunca prohibiría nada, y menos la música.  Si prohibes directamente, lo que haces es directamente quitarte ciertas cosas del medio, ciertas responsabilidades. Y la industria de la música es muy sensible. Ya tenemos el IVA al 21 %, uno de los más altos del mundo.”

A este paso, Madrid va a convertirse en un escenario sólo para los grandes grupos internacionales. Bruce Springsteen, Muse, Iron Maiden, AC/DC…aumentan las ventas de entradas mientras los pequeños grupos pierden espacios de directo. Pero pensemos en el inicio, qué es lo qué hay que hacer para llenar un estadio. Hay que empezar, y se empieza por las salas de conciertos. Madrid es el centro, la capital de España, y tiene que ser una ciudad donde se respete el silencio, donde se regule el ruido, donde haya zonas verdes… Pero también queremos un Madrid VIVO. Un Madrid con actividades. Un Madrid con cultura, con salas de conciertos,  con fiestas y con noche.”

Quizá la cuna del conflicto resida en que hay muchas voces y poco diálogo. Unos vecinos que quieren dormir. Unos músicos que intentan hacerse escuchar. Unos empresarios tratando de ganarse la vida. Una capital en busca de la escena nocturna y el lugar cultural que le corresponde. La industria que trata de sobrevivir y contentar a todo el mundo… y unos políticos que no aciertan a encontrar una solución que se adecúe a tan variados frentes.

Al final, uno no puede dejar de pensar que esta legislación simplifica un complejo problema de contaminación acústica a la música en directo. Han reducido el arte del sonido a mero ruido. Han olvidado las voces, el mensaje, el trabajo de los músicos, empresarios y hosteleros. Y con todo ello, el valor de la música.

Quizá la ambición de Álex, la Noche en Vivo y todas las salas del centro de Madrid no sea una actividad descontrolada de conciertos, sino devolver un poco de dignidad a la música. Esa que le han quitado a la noche madrileña a golpe de prohibición unilateral, sin condiciones ni posibilidades. Desembocando en una rendición obligada que las salas, luchadoras durante ya muchos años, se niegan a aceptar…

…Pero seguirán peleando por la música.

 

Texto: Inés Rodríguez (@Inrr22)

 

 

* Frecuencia Urbana no es una página de crítica musical, es una plataforma de difusión de la música alternativa en Madrid. Si crees que nuestro trabajo es útil, y además te gusta, compártelo, síguenos y sé parte activa para que bandas, medios y proyectos independientes puedan seguir existiendo.


Instagram